Profecías Autocumplidas: Cómo nuestras creencias moldean la realidad

Temes que tu novio te deje, entonces comienzas a querer controlar todo lo que hace, dice o siente, te vuelves celosa e insegura y al final, tu novio te deja. Vas a tener un examen que crees que vas a reprobar, concibes la información por estudiar como demasiado difícil y te bloqueas, al final terminas reprobando. Estos son solo algunos ejemplos de profecías autocumplidas.

Nuestras creencias le dan forma a nuestra realidad. La teoría de las profecías autocumplidas explica el mecanismo de funcionamiento de nuestras creencias y expectativas sobre los resultados que tenemos. Esto puede afectar nuestra vida en diferentes ámbitos: en lo educativo, en lo laboral, en las relaciones personales, incluso en la salud.

En este artículo exploraremos cómo muchas veces somos víctimas de las expectativas de los otros y de nuestras propias creencias cuando queremos conseguir algún resultado. Y también, aprenderemos a reconocer y utilizar el mecanismo de las profecías autocumplidas a nuestro favor.

¿Qué son las profecías autocumplidas?

“La profecía autocumplida es, en el origen, una definición falsa de la situación que suscita una conducta nueva, lo cual convierte en verdadero el concepto originariamente falso” – Robert K. Merton, sociólogo.

Esta teoría tiene como base el siguiente teorema: “Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”. En otras palabras, las personas no vemos las situaciones objetivamente, lo que hacemos es hacer una interpretación, creerla como verdad y actuar para confirmar nuestra idea.

La teoría se desprende del concepto denominado Efecto Pigmalión. Este tiene su origen en el experimento desarrollado por Rosenthal y Jacobson, ambos psicólogos americanos.

En su experimento, informaron a profesores de una escuela primaria que habían realizado un test que evaluaba las capacidades intelectuales sus alumnos. Se les dijo cuáles habían sido los niños que habían obtenido un puntaje más alto y se les avisó que estos tendrían un mayor desempeño.

A pesar de que todo fue mentira y estos niños realmente fueron elegidos al azar, luego de algunos meses que regresaron a evaluar a los estudiantes se dieron cuenta de que, en efecto, estos niños mostraban un mayor crecimiento intelectual. ¿Pero qué sucedió?

De acuerdo con las conclusiones del estudio, fueron las expectativas que los maestros tenían sobre esos alumnos la variable que determinó que ellos actuaran en favor de su cumplimiento. Esto llevado a un plano más general concluye que el comportamiento de las personas está influenciado en gran parte por las expectativas que se tienen sobre ellas.

Ejemplos de profecías autocumplidas en la vida cotidiana

En la educación

Cuando un maestro tiene altas expectativas sobre un alumno o un grupo de alumnos, casi de manera inconsciente es más probable que les brinde mayores recursos, mayor atención, más apoyo y una didáctica más especializada. Por su parte, los alumnos con todos estos recursos extras y la sensación de confianza brindada por una autoridad, terminan obteniendo mayores resultados que el promedio, lo que confirma la creencia del profesor.

En el ámbito laboral

En lo laboral, las expectativas que los líderes tienen sobre sus empleados puede terminar afectando el desempeño de los mismos. Si por ejemplo, el que está a cargo no confía en la capacidad de los trabajadores, los considera irresponsables y desordenados, es muy probable que su grupo a cargo lo note. La sensación de falta de confianza en ellos y falta de valoración por parte del jefe pueden precisamente hacer que terminen mostrando irresponsabilidad, trabajos de baja calidad e incluso actitudes rebeldes y negativas.

En la salud

Un ejemplo respecto a la salud, es lo que sucedió durante la pandemia de 2020, cuando en todo el mundo se desató el caos y se agotó el papel higiénico en los supermercados. Entre otras cosas, la idea de quedarse sin un producto que daba sensación de seguridad llevó a las personas a hacer compras compulsivas guiadas por el miedo de que les faltase. Esto provocó precisamente la escasez del producto pero no por la existencia de la pandemia como tal sino por la sobredemanda que existió en ese momento gracias al miedo de las personas.

En las relaciones personales

Si desde pequeño te han dicho que eres un bueno para nada, es difícil que de adulto difieras de esa idea. Conforme crecemos vamos integrando nuestra personalidad con base a lo que los demás nos dicen que somos. Si nos dijeron que podemos conseguir todo aquello que anhelamos vamos a tener una actitud más positiva hacia la vida y dirigir nuestras acciones a confirmar la creencia.

La ciencia detrás de la teoría de las profecías autocumplidas

Además del experimento de Rosenthal y Jacobson existen diversos estudios científicos sobre el Efecto Pigmalión. Por ejemplo, en un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos se midió el comportamiento de dos grupos de soldadores. Para esto el mismo supervisor le indicó a ambos grupos que trabajarían con él durante 30 días, pero lo verbalizo de manera diferente para cada equipo.

Al primer grupo le comunicó que tenían una mala reputación, le habían dicho que eran mediocres, malhechos, irresponsables y no sabían seguir órdenes, que no confiaba en ellos. Al segundo grupo le dijo que le habían informado que eran profesionales, ordenados, perfeccionistas y de los mejores en su oficio, que confiaba plenamente en ellos.

¿Ya te imaginas cómo resultó todo no? Tanto el primer como el segundo grupo mostraron comportamientos idénticos a los descritos. En ambos casos se creyeron las afirmaciones proporcionadas y actuaron en consecuencia.

Me parece importante afirmar que el origen de las expectativas puede ser tanto externo, como las creencias impuestas por padres, hermanos, o amigos, como interno, cuando son nuestras propias creencias sobre la realidad. Pero independientemente del origen, estas resultan determinantes.

El principal mecanismo de funcionamiento se basa en el hecho de que las expectativas que los demás depositan sobre nosotros o las creencias que nosotros tenemos sobre la realidad influyen en nuestro actuar. Y también hay que tener en cuenta que se puede caer en un ciclo que se retroalimenta ya sea negativa o positivamente.

La retroalimentación positiva se da cuando las expectativas positivas desencadenan un buen desempeño, lo que a su vez refuerza estas expectativas y estas fomentan un mejor desempeño. Por su parte, la retroalimentación negativa ocurre cuando las expectativas negativas generan un bajo rendimiento y esto refuerza las primeras expectativas lo que acarrea un deterioro constante del rendimiento.

Cómo utilizar el mecanismo de las profecías autocumplidas de manera positiva

Ahora que conoces como funcionan las profecías autocumplidas, espero que hayas visto en ellas más una oportunidad de crecimiento que un determinismo externo. Si bien en todo el artículo me he centrado en explicarte la teoría que existe sobre el tema, aquí voy a hablar desde mi punto de vista muy personal.

Las profecías autocumplidas me parecen una perfecta oportunidad para hacer lo que promete la premisa en inglés «Fake it until you make it» o en español «Finge hasta que lo consigas«. Considero que en el camino de alcanzar nuestros sueños muchas veces aparece el miedo de no ser lo suficientemente buenos para eso que anhelamos. Y aunque puede que sea verdad ¿qué acaso no es verdad también que la práctica hace al maestro?

El concepto de la profecía autocumplida también me recuerda mucho a lo que escuche en una conferencia de la psiquiatra Marian Rojas:

«La actitud previa a casi cualquier circunstancia determina el resultado[…] es decir, nuestro cerebro cuando se enfrenta a un reto, dependiendo de cómo se enfrente a ese reto va a responder de una manera u otra» – Marian Rojas, psiquiatra.

Por eso es tan importante trabajar en nuestra mentalidad cuando queremos conseguir resultados diferentes, porque solo cambiando nuestros pensamientos estaremos generando un cambio de raíz que sea perdurable y profundo.

Te invito a que la próxima vez que te des cuenta de que estas teniendo una perspectiva demasiado pesimista sobre una situación te detengas un momento a reflexionar la objetividad de esa creencia y evites actuar impulsado por ella. Sé que esto se puede volver complejo si nunca lo has hecho antes, pero tan solo el cuestionarte puede ser un gran avance.

Para construir nuestros sueños debemos tener la firme creencia de que es posible para nosotros hacerlos realidad. Y para cultivar esa mentalidad poderosa es necesario trabajar en ella todos los días. Leer libros, ver videos, escuchar podcast, inspirarte en historias de personas que te digan que es posible puede hacer toda la diferencia en tus resultados.

De igual manera te invito a que no deposites expectativas negativas sobre los otros, por el contrario, mejor reconoce las fortalezas de los que te rodean. También procura rodearte de la gente correcta, es decir, personas que crean en ti y que te impulsen a alcanzar tus objetivos. Y no permitas que las creencias limitativas de los demás determinen tus resultados. Tienes un gran poder en tus manos, el poder de creer en ti.

Conclusión

En este post profundizamos en la teoría de las profecías autocumplidas. Abordamos su definición, su origen y se relación con el efecto pigmalión. Después conocimos algunos ejemplos de la vida cotidiana y su funcionamiento según la ciencia. Por último te compartí una reflexión personal para utilizarlas a nuestro favor.

Es importante ser consciente de nuestras expectativas y sobre todo de cómo pueden impactar nuestra realidad. Esto nos recuerda tener más cuidado con lo que pensamos y esperamos tanto de nosotros como de los demás.

Observar y ajustar nuestras creencias y expectativas puede ser un trabajo interesante, pues si bien nos saca de la zona de confort, también tiene el poder de influir positivamente en nuestra vida y en la de los demás.

Referencias

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Bestard, D. (2011). Una reflexión sobre el efecto pigmalión. Anales del Instituto de Profesores “Artigas”.

Castro, D. V. (2016). Profecía autocumplida o los dos tiempos de la verdad. Desde el jardín de Freud: revista de psicoanálisis, (16), 63-76.

Jensen, F., & Vogel, N. (2007). Percepciones en torno al envejecimiento en jóvenes universitarios: apuntes en torno a la profecía autocumplida. In VI Congreso Chileno de Antropología. Colegio de Antropólogos de Chile AG.

Estrés y sueño: Impacto en la salud y claves para un descanso reparador

¿Sabías que de acuerdo con la UNAM más de un 45% de la población adulta mexicana tiene una mala calidad del sueño? Y según datos de la OMS cerca de un 40% de la población mundial son afectados por trastornos del sueño.

En el mundo hiper productivo que marca la sociedad actual dormir está infravalorado. Sin embargo, es mucho más importante de lo que la mayoría piensa. Una pobre calidad del sueño conlleva a un deterioro en nuestra salud mental y física.

El sueño al ser un mecanismo de regulación del cuerpo tiene importantes efectos en los niveles de estrés que una persona manifiesta. Y viceversa, el estrés tiene implicaciones en la calidad del sueño que podemos alcanzar.

Conocer esta relación entre sueño y estrés es conveniente para aprender a tomar medidas preventivas que nos ayuden a evitar las consecuencias desastrosas que implica mantener una mala calidad del sueño. En este artículo te explico la relación entre estos dos y también algunas estrategias que puedes implementar para mejorar la higiene de tu sueño.

¿Qué es el estrés y cómo afecta al sueño?

El estrés es una respuesta ante las demandas del entorno en donde estas se perciben como un desafío o una amenaza para el bienestar. Esta percepción de amenaza sucede porque se cree que las demandas superan los recursos que el individuo posee para enfrentarlas.

Por supuesto las personas podemos sentir estrés tanto por causas físicas como psicológicas. Es decir, podemos sentir estrés tanto por el hecho de que un tigre nos ataque como sólo por la idea de que un tigre nos ataque. Como vemos, el estrés es un proceso adaptativo y de emergencia. Existe porque es necesario para nuestra supervivencia, nos prepara para atacar o huir si es necesario. El problema recae en experimentarlo de manera constante.

Cuando nos estresamos, nuestro cuerpo libera grandes cantidades de una hormona llamada cortisol. Esta hormona está involucrada en distintos mecanismos de regulación del cuerpo, entre ellos el metabolismo, la función inmunológica y la respuesta al estrés. Estar estresados, es entrar en un estado de alerta en donde el organismo deja alguna funciones de lado priorizando el hacer frente a la amenaza. Experimentar esto de forma crónica desregula un montón de procesos en nuestro organismo, incluyendo el sueño.

Experimentar estrés durante el periodo diurno puede tener consecuencias a la hora de comenzar el ciclo nocturno, en donde por naturaleza al ser humano descansa. Las personas con altos niveles de estrés pueden experimentar dificultad para iniciar y mantener el sueño. También pueden sufrir de inquietud o movimientos involuntarios durante el sueño, así como episodios de sonambulismo o pesadillas.

La ciencia del sueño y su impacto en el estrés

«El sueño es un estado biológico activo, periódico, en el que se distinguen las etapas NREM y REM, que se alternan sucesivamente durante la noche.»

El acrónimo REM viene del inglés Rapid Eye Movement, que significa Movimiento Ocular Rápido. Cuando dormimos pasamos por estas dos fases del sueño una y otra vez, de cuatro a cinco veces dependiendo de la cantidad de tiempo que se duerma. Se estima que un ciclo del sueño (conformado por estas dos fases), tiene una duración de 90 minutos aproximadamente.

Primero entramos en la etapa NoREM, en la cual nuestro cuerpo comienza a relajarse progresivamente para pasar de un sueño ligero a un sueño profundo. En esta etapa suceden diversos procesos en el cuerpo que ayudan entre otras cosas a mejorar el aprendizaje, consolidar la memoria, hacer limpieza neuronal, realizar reparación y crecimiento de tejidos.

Del sueño profundo pasamos al sueño REM, el cual se caracteriza principalmente por movimientos oculares rápidos y una actividad cerebral muy alta, parecida a la que tenemos cuando estamos despiertos. En esta etapa se experimentan los sueños más vívidos. Y a pesar del nivel de actividad cerebral, el cuerpo está casi totalmente desconectado, para evitar que hagamos los movimientos que soñamos. Entre los principales beneficios que brinda el sueño REM están el equilibrar nuestro estado emocional y mejorar la creatividad.

Como vemos, dormir brinda un montón de beneficios pero ¿Qué pasa si no dormimos? Privar al cuerpo del sueño o no alcanzar una calidad óptima del mismo puede ocasionar: bajo rendimiento, problemas de carácter, mayor probabilidad de sufrir o provocar accidentes, mayor riesgo de desarrollar enfermedades digestivas, respiratorias, cardiovasculares, coronarias, crónico-degenerativas, etc. y diversidad de problemas psicológicos como irritabilidad, mal humor, tensión, fatiga, nerviosismo, falta de concentración y estrés.

Estrategias para mejorar la calidad del sueño

Si consideras que la calidad de tu sueño tiene oportunidad de mejora, te comparto algunas estrategias que pueden ayudarte a tener un descanso reparador.

1. Mantén una rutina de sueño

Nuestro cuerpo está diseñado para dormir por la noche, ahí es cuando nuestra fisiología y comportamiento se adaptan para descansar. Si queremos tener un sueño de calidad es necesario dormir durante ese lapso de tiempo. Se recomienda regularizar tanto la hora de irse a dormir como la hora de despertar. Permitiendo hasta dos horas de diferencia en los días libres en relación a los días de trabajo.

De ser posible armoniza tus horas de trabajo con tu cronotipo. Utilizando las hrs en las que te sientes con más energía para hacer las tareas que resulten más difíciles. Así el gasto de energía será más eficiente.

Si te duermes muy tarde y te interesa adelantar tu horario de sueño, es recomendable exponerse a la luz intensa a la primera hora de la mañana y evitar el ejercicio físico intenso, dispositivos electrónicos y tareas de excitación mental por lo menos 2 hrs antes de acostarte.

2. Crea el ambiente ideal

El entorno ambiental es fundamental para favorecer la conciliación y mantenimiento del sueño. Estas son algunas recomendaciones:

  • Un ambiente oscuro: Procura dormir en una habitación en la que no entre la luz y en la que no se deje el televisor encendido. Utiliza un antifaz si no es posible evitar la contaminación lumínica.
  • Un ambiente sin ruido: Asegura una habitación que esté aislada del ruido. También se puede insonorizar la habitación o utilizar tapones de oído de ser necesario.
  • Una temperatura adecuada: Evita los ambientes muy fríos o muy cálidos. Se recomienda una temperatura de entre 18°- 21°C.
  • Una buena cama: Utiliza colchones de firmeza media para evitar dolores de espalda y perjuicios en la calidad del sueño. Así mismo evita las almohadas altas y las de plumas.
  • Un ambiente ordenado: Duerme en una habitación ordenada y limpia. El desorden produce estrés y este dificulta el sueño.
  • Un ambiente con colores neutros: Utiliza colores neutros o aquellos que produzcan más paz y relajación (verdes, azules, lilas, en tonos pastel) en la habitación.
  • Una espacio sólo para dormir: Evita que en la habitación existan aparatos distractores como la televisión, radio, computadoras, etc. Así mismo, no utilices la cama para otra actividad que no sea dormir o tener sexo.

Apaga el celular y la televisión

La exposición a la luz emitida por dispositivos electrónicos antes de dormir provoca alteraciones en el ciclo del sueño. Usar el celular o mirar la televisión antes o durante el sueño nocturno produce entre otras cosas un retraso en el inicio del sueño y un aumento en el estado de alerta.

Es recomendable dejar de utilizar cualquier dispositivo electrónico que emita luz por lo menos dos horas antes del sueño habitual. Otra recomendación es activar el modo nocturno en tu celular, computadora y televisión para que cuando comience a caer la noche cambie la emisión de luz azul a luz amarilla y anticipe el momento de acostarse. También puedes valerte de las funciones que traen los mismos dispositivos para bloquearlos a determinada hora y dejar de utilizarlos.

Cuida tus hábitos alimenticios

Tener una dieta saludable siempre será una recomendación para mantener una buena salud. Sin embargo, en lo que respecta al sueño hay otras estrategias que puedes implementar:

  • Cena ligero.
  • Acuéstate dos horas después de cenar.
  • No te vayas a dormir con sensación de hambre.
  • Por la tarde-noche se recomienda ingerir alimentos ricos en triptófano (facilitan el sueño) como los lácteos, plátanos y frutos secos, así como hidratos de carbono de absorción lenta, como la miel y el pan integral.
  • En las últimas horas de la noche:
    • Evita alimentos ricos en aminoácidos tirosina y fenilalanina como la carne roja, los huevos, el jamón y aquellos ricos en vitamina C.
    • Evita el consumo de café, té y chocolate, así como quesos curados, pescados y vino.
    • Evita aquellos alimentos que produzcan flatulencias, acidez o reflujo.
    • Evita el consumo de alcohol y el uso de nicotina.

Prueba técnicas de relajación

Si te cuesta conciliar el sueño por estar muy tenso o estresado, lo recomendable es que te permitas utilizar unos momentos al final del día para relajar el cuerpo. Existe una diversidad de técnicas que puedes investigar y probar a profundidad entre las que se encuentran:

  • Meditación: Si eres nuevo, hay muchas meditaciones guiadas en Youtube, Spotify o demás aplicaciones que puedes buscar y aplicar, muchas de ellas están especializadas en hacerte conciliar el sueño.
  • Respiración profunda: A grandes rasgos se trata de que concentres tu atención en tu respiración y poco a poco comiences a alargar tanto las inhalaciones como las exhalaciones.
  • Lectura: El éxito de la utilización de esta técnica depende de cada persona y también del contenido de la lectura. Sin embargo, hacer una lectura corta al final del día puede ayudarte a desconectar de los problemas o tensiones del día.
  • Música relajante: Puedes probar a poner música relajante con sonidos de la naturaleza, música clásica suave o demás melodías que inducen a la serenidad. Así como en el apartado de la meditación existen muchas listas de reproducción creadas con esta finalidad.

Conclusión

El estrés y el sueño están íntimamente relacionados. El aumento en los niveles de estrés puede afectar nuestros ciclos de sueño y por su parte un mal descanso puede elevar los niveles de estrés. Un buen descanso propicia la longevidad y nos ayuda a mantenernos en un buen estado de salud tanto física como mental.

Estrategias como dormir por la noche y con un horario definido en un ambiente que propicie el sueño, dejar de utilizar dispositivos electrónicos antes de acostarnos, tener buenos hábitos alimenticios y utilizar técnicas para relajar el cuerpo pueden ayudarnos a conciliar un sueño de calidad. Cuéntame si conoces alguna otra estrategia para mejorar la calidad del sueño y cuál de todas las mencionadas te parecería más sencillo de incorporar en tu día a día.

Si te gustaría saber más sobre el tema, te dejo mis fuentes de información para la realización de este artículo en el apartado de referencias.

Referencias

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Aprende a priorizar tus tareas y utilizar tus recursos de manera inteligente

En el mundo estudiantil, empresarial e incluso personal a veces nos vemos abrumados por la cantidad de tareas que debemos completar. Podemos llegar a sentirnos atrapados en un ciclo en el que sentimos que hacemos mucho y a la vez nada. Pero ¿sabías que es posible disminuir la cantidad de estrés y agobio si somos capaces de priorizar nuestras tareas de manera correcta?

Cuando no tenemos una lista de prioridades clara no sabemos por dónde empezar a actuar. Esta desorganización en el trabajo puede llevarnos a gastar nuestras energías y nuestro tiempo en tareas que no sean tan importantes. Incluso podemos llegar a bajar la calidad de nuestro trabajo por hacerlo con la sensación de urgencia. Por no hablar del peligro de retrasar proyectos u olvidar tareas.

Lo que me parece más grave de no saber priorizar es la enorme cantidad de estrés que esto nos puede generar. La baja productividad y la incapacidad para cumplir con las expectativas puede afectar nuestra relaciones profesionales y personales. Incluso puede afectar la visión que tenemos de nosotros mismos. Pero el problema no eres tú, es la forma en la que priorizas tus tareas.

Por esto hoy te comparto una técnica sencilla y práctica para que aprendas cómo priorizar tus tareas y tomes el control de tu tiempo y tus recursos. Verás que priorizando de manera correcta, utilizarás tus recursos de manera inteligente y puede que hasta te quede tiempo y energía extra para hacer otras cosas.

La matriz de Eisenhower

¿Qué es?

La matriz Eisenhower es una herramienta de organización de tareas. Llamada así en honor al presidente 34 de Estados Unidos, Eisenhower, el cual fue reconocido por su buena gestión del tiempo y acertada toma de decisiones. Esta herramienta ayuda a organizar las tareas de acuerdo a su nivel de urgencia e importancia.

Los cuatro cuadrantes

Esta matriz está compuesta por cuatro cuadrantes, estos se crean a partir de la combinación entre los atributos de Importante, Urgente, No importante y No urgente.

Primer cuadrante: Importante y urgente.

Segundo cuadrante: Importante y no urgente.

Tercer cuadrante: No importante y urgente.

Cuarto cuadrante: No importante y no urgente.

Dependiendo de en qué cuadrante encaje cada tarea por hacer, entonces sabremos como actuar. Pero antes de explicarte esto, me parece importante aclarar la diferencia entre importante y urgente.

¿Cómo diferenciar Importante de Urgente?

Las tareas urgentes son aquellas que se tienen que atender cuanto antes. Son esas tareas que si no se realizan tienen consecuencias inmediatas. No puedes hacer esperar a una tarea urgente, independientemente de que sea o no importante para ti. Tienen una visión a corto plazo.

Las tareas importantes son aquellas que se enfocan en ayudarte a alcanzar metas u objetivos que son congruentes con tus valores y con eso que quieres para tu vida. Por lo general su realización no produce resultados inmediatos ni evita consecuencias inmediatas. Tienen una visión más a largo plazo.

Esta diferenciación evidentemente dependerá de cada individuo, pues puede que para mi algo que es importante para el otro no lo sea. Es por eso que debe existir mucha claridad sobre qué queremos.

Ejemplo

Para su mayor comprensión, voy a ilustrar sus diferencias con un ejemplo.

Supongamos que tienes un estilo de vida muy ajetreado que te mantiene estresado por largos periodos de tiempo y entre las diferentes tareas que tienes que cumplir cada día, dejas de lado el cuidado de tu salud física. Sabes que para bajar tus niveles de estrés y evitar afectaciones a largo plazo debes tomarte un tiempo para hacer ejercicio.

Un día te propones ir a correr 30 min al final de la jornada laboral porque es importante para ti comenzar a cuidar de tu salud. Pero entonces recuerdas que debes ir a pagar la luz porque es el día límite de pago y si no lo haces se quedarán sin el servicio. Añadidamente te llaman para discutir los pormenores de un proyecto que comienza al día siguiente y al final terminas utilizando tus 30 min para esas tareas que no añaden nada en el beneficio de tu salud pero son necesarios de atender porque si no lo haces sus consecuencias son inmediatas.

Las tareas urgentes en este caso (ir a pagar la luz y responder la llamada) desplazaron de la lista de pendientes a la tarea importante (hacer ejercicio). Precisamente porque las tareas urgentes se den hacer cuanto antes. No ejercitarse un día no afecta significativamente tu salud pero ¿Qué pasa si seguimos posponiendo la tarea importante? seguramente resulte en situaciones catastróficas a largo plazo.

Por eso es importante darles tiempo y lugar a tareas urgentes e importantes. Es a esto a lo que nos ayuda la matriz de Eisenhower.

¿Cómo utilizar la matriz Eisenhower?

Una vez sabiendo diferenciar las tareas, entonces podemos proceder a utilizar con éxito la matriz. Como paso número uno, haz una lista de todos los pendientes por hacer. Después comienza a filtrarlos y pregúntate ¿Es urgente o no es urgente? con esa respuesta en mente luego pregúntate ¿Es importante o no es importante?. Y así ve acomodando las tareas en el cuadrante que le corresponda.

Ejemplo de organización de tareas

Una vez que todas las tareas están asignadas a un cuadrante, es momento de interpretar.

  • Primer cuadrante: Están todas aquellas tareas que son importantes y urgentes. Es decir, su realización no puede esperar y además no se trata de tareas que no añadan valor a nuestra vida. Estas son las tareas que debes de completar antes que nada.
  • Segundo cuadrante: Contiene las tareas importantes pero no urgentes. Realizarlas nos traerá beneficios, pero no tienen que realizarse en la inmediatez del momento. Esto a veces nos lleva a postergarlas haciendo que eventualmente pasen al primer cuadrante. Para evitar eso, debes agendar dichas tareas. Darles un espacio en tu lista de cosas por hacer.
  • Tercer cuadrante: Son aquellas tareas que no son importantes pero sí urgentes. Estas tareas suelen ser una piedra en el camino porque consumen nuestro tiempo y no nos acercan a nuestros objetivos, sin embargo, existen y son necesarias de realizar. La principal recomendación para estas tareas es delegarlas a alguien más. Pero si eso no es posible es necesario aprender a poner límites para que no consuman mucho de tu tiempo.
  • Cuarto cuadrante: Las tareas no importantes y no urgentes. No son prioritarias. No deberían ser objeto de nuestra atención porque son tareas que pueden esperar. La idea principal apunta a eliminar estas actividades de nuestra lista de pendientes o, en otro caso, llevarlas a cabo en momentos en donde no tengamos otras cosas por hacer.

La matriz de Eisenhower es una herramienta eficaz de priorización de tareas. Si sabemos implementarla puede traer enormes ventajas a nuestra planificación de actividades y gestión del tiempo. Nos ayuda a evitar un gasto de energía innecesario en tareas que no nos acercan a nuestros objetivos. Y sobre todo nos otorga la tranquilidad de que todo tiene un tiempo y un lugar para realizarse.

Los cuatro acuerdos: Una guía para recuperar nuestro poder personal y ser libres

¿Alguna vez te ha pasado que, en el proceso de establecer objetivos para alcanzar ciertas metas, no encuentras la energía para realizarlos? A mi en lo personal sí me ha pasado y sé de primera mano lo frustrante que se puede volver. Pues no es tanto una situación de flojera, es más una situación emocional/mental de que no tienes energía extra para esas resoluciones.

Y en el proceso de conocer cómo obtener más energía o evitar esos bajones, no fue hasta que leí la explicación que da el Dr. Miguel Ruiz en su libro de Los Cuatro Acuerdos que todo me hizo mucho sentido. Añadiendo que pude comprobar mediante mi experiencia su eficacia.

Este autor explica que los seres humanos funcionamos a través de acuerdos, es decir, de creencias. La situación es que la mayoría de los acuerdos o creencias los hemos aprendido por herencia, es decir, no los elegimos conscientemente. Y estos están llenos de expectativas sobre cómo debemos ser y funcionar tanto nosotros como el mundo.

El problema recae en que crear y mantener estos acuerdos consume toda nuestra energía. Es agotador no tener la libertad de ser quien realmente somos y tratar de encajar en el molde que nos han dicho que tenemos que ser. Es por eso que al final nos queda la energía mínima necesaria como para sobrevivir, no más.

De ahí, los cuatro acuerdos surgen como estas nuevas creencias que forman parte de la estrategia para liberarnos de nuestra limitantes y nos ayudan a recuperar nuestro poder personal. El adoptar estos nuevos acuerdos, sin embargo, es un proceso difícil porque van en contra de nuestro sistema de creencias, el cual está muy arraigado a nosotros.

Pero difícil no significa imposible, como todo en la vida se trata de un proceso. Hoy te quiero contar cuales son estos cuatro acuerdos en caso de que no los conozcas, cómo podemos aplicarlos en nuestro día a día de manera práctica y los beneficios que te traerá si decides implementarlos.

Los cuatro acuerdos

1. Sé impecable con tus palabras

Este acuerdo hace referencia a usar las palabras con sabiduría. Es tener cuidado con lo que decimos y también con lo que pensamos. Las palabras tienen un gran poder, ya sea de creación o de destrucción, son casi como magia. Es por ello que es considerado como el acuerdo más importante.

Las palabras que nos dicen o decimos son importantes porque si nos las creemos, tienen el poder de cambiar nuestras creencias. Es por eso que hay que aprender a usarlas a nuestro favor, con el fin de crear una realidad en la que nos sintamos libres y amados.

Aunque parece simple, adoptar este acuerdo es difícil. En la sociedad en la que vivimos, hablar de los demás es muy común. Y tristemente, solemos hablar más mal que bien. Tenemos muy normalizado contar chismes e incluso fomentar el odio. Basta con observar cómo funcionan las redes sociales.

Para aplicar de manera práctica este acuerdo en nuestra vida, será necesario dejar de esparcir nuestro veneno emocional con los demás. Hay que dejar de despotricar, hablar de manera negativa de los otros, difundir rumores, sembrar la duda de la confiabilidad de alguien y en general dejar de utilizar las palabras para dañar a los otros.

Cuando hablamos mal de otro nos hacemos daño a nosotros, porque ese otro nos odiará por ello y ese odio no nos hará sentir bien. Por supuesto, también aplica para nosotros mismos. Hay que dejar de usar las palabras en contra nuestra. Que nuestro diálogo interno no sea de desprecio ni de odio.

El principal beneficio de adoptar este primer acuerdo es que nos dará inmunidad a las palabras negativas de otros. Esto sucede porque gracias a él, cambiamos el tipo de ideas que seremos capaces de aceptar.

El autor menciona que la mente humana es como un campo fértil y continuamente se plantan semillas en ella. Todas las mentes son fértiles, pero algunas lo son para semillas de amor y otras para semillas de miedo. Cuando somos impecables con nuestras palabras nos volvemos infertil para las ideas que provengan del miedo y fértil para las que vienen del amor.

La cantidad de amor es directamente proporcional a la cantidad e integridad de tus palabras. El primer acuerdo cambiará el tipo de semillas para las que tu mente será fértil. Con cumplir solo este tu realidad cambiará de manera exponencial.

No te tomes nada personal

Este acuerdo nace de la premisa que nos dice que las opiniones de los otros tienen más que ver con ellos mismos que con nosotros. Por lo tanto, pase lo que pase, no te lo tomes personal. Sea bueno o sea malo lo que los otros dicen de ti, realmente habla más de su realidad interior que de la tuya.

El que sea difícil cumplir este acuerdo tiene que ver con que hemos aprendido a darnos demasiada importancia personal. Creemos que el mundo gira a nuestro alrededor, que somos responsables de todo lo que acontece. Pero la realidad es que cada quien anda inmerso en su propio mundo y actuan como actuan por ellos mismos.

El acuerdo consiste en aceptar que incluso cuando algo parece muy personal, por ejemplo cuando alguien directamente te insulta, no tiene nada que ver contigo. Quizá te parezca una forma de pensar extremista, pero el autor explica que el comportamiento y las palabras del otro son producto de su forma de ver la vida. Los demás siempre se refieren a sus propias opiniones, emociones y pensamientos, no directamente a ti.

Tomarnos las cosas personal es similar a recoger toda la basura que el otro deja a su paso y quedarnos con ella. Tomarnos las cosas personal nos vuelve víctimas y blancos fáciles para herirnos. Tomarnos las cosas personal es darle nuestro poder a otro. Tomarnos las cosas personal es confiar más en los otros que en nosotros mismos.

Cuando no tomarte nada personal se convierta en un hábito, te evitarás muchos disgustos en la vida. 

Para poder aplicar este acuerdo en nuestro día a día será necesario autoconocernos y confiar en nosotros mismos más que en los demás. Si tú sabes quién eres, lo que el otro diga o piense es su problema.

Confía en ti primero para decidir si confiar o no en otro. Observa como el otro se comunica, lo que dice y lo que hace, y evalúa si hay congruencia, entonces elige si confiar o no. Pero nunca le des el poder al otro de decirte lo que eres porque eso sólo tú lo sabes. Incluso cuando las palabras de tu mente te digan una cosa, no tienes porque creerlo, porque no necesariamente son verdad.

No te tomes nada personal y una gran cantidad de libertad surgirá.

No hagas suposiciones

No hacer suposiciones es importante principalmente por el hecho de que hacerlas genera un gran sufrimiento. Cuando hacemos suposiciones las consideramos una verdad. Comprendemos mal las cosas y por no tener el valor de preguntarlo creamos drama por nada.

La raíz del por qué hacemos suposiciones viene de nuestra necesidad de sentirnos seguros. La mente humana necesita de respuestas, porque estas le dan certeza, aún y cuando estas respuestas no sean verdad. Y luego nuestra necesidad de tener razón se mete de por medio. Podemos llegar incluso a romper relaciones por defender nuestras suposiciones y querer tener la razón.

Para aplicar este acuerdo en el día a día es necesario implementar la práctica de preguntar, hay que tener el valor de hacerlo. Necesitamos aprender a darle voz a esa parte de nosotros que se queda confundida y evitar a toda costa interpretar lo que el otro piensa, dice o hace. Tenemos el derecho a preguntar y el otro está en la libertad de elegir si responder o no, aun cuando se niegue a hacerlo esa será una respuesta.

E incluso en las situaciones en las que sí nos atrevemos a preguntar y creemos entender la situación, nunca debemos dar por hecho que lo entendemos todo. Sería casi imposible entender absolutamente todo sobre una situación en particular, así que no supongas que lo sabes.

Si dejas de suponer y comienzas a preguntar te evitarás mucho sufrimiento emocional. Todo el gasto de energía que supone hacer una suposición y defenderla como verdad podrás aprovecharla para otras cosas que no impliquen sufrimiento.

Cuando ya no hagas suposiciones tus palabras se volverán impecables.

Haz siempre lo máximo que puedas

Este último acuerdo permite que los anteriores se conviertan en hábito. Crear hábitos es por sí mismo un proceso de evolución. Sin embargo, he notado que muchas veces este proceso de construir un hábito se puede volver un proceso de reproche y culpa por no alcanzar el objetivo que nos fijamos.

El cuarto acuerdo es un recordatorio para atravesar este proceso de transformación desde el amor y la comprensión. La idea que rige aquí es hacer lo máximo que podemos, no más, no menos. Es hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene. Puede haber una mala interpretación de este acuerdo si se cree que hacer lo máximo que podamos es sobre exigirnos, pero nada más lejos de la realidad.

Hacer lo máximo que podemos implica entender que todo está en constante cambio, incluyendonos a nosotros y a las situaciones externas a nosotros. Esto significa que muchas veces hacer lo máximo que podemos tendrá una enorme calidad y en otras ocasiones no tanto.

Por ejemplo, nuestro rendimiento y productividad puede variar en función de si estamos sanos o enfermos, felices o tristes, si tenemos energía o estamos cansados. Hay una infinidad de factores, tanto internos como externos, que pueden repercutir en nuestros resultados.

El secreto aquí es mantenernos haciendo lo máximo que podemos en cada circunstancia que nos ponga la vida, independientemente del resultado. Hacer lo máximo que podemos es la estrategia perfecta de equilibrio que nos protege de las consecuencias devastadoras de sus dos extremos.

Cuando hacemos más de lo que podemos nos sobrecargamos y gastamos más energía de la que tenemos, lo que nos agota y por ende a la larga nos hace ser menos productivos. Por su parte, cuando hacemos menos de lo que podemos nos sentimos culpables, hacemos reproches en contra de nosotros mismos y cargamos con la culpa del debería.

Limitate a hacer lo máximo que puedes, así no te juzgarás de ninguna manera. Y acepta que el proceso no es perfecto. Habrá ocasiones en las que, por ejemplo, no puedas evitar hacer suposiciones. Si te descubres haciéndolo, no te reproches ni te juzgues. Recuérdate a ti mismo que hiciste lo máximo que podías y vuelve a empezar. Es la repetición la que permitirá que un hábito se arraigue en nosotros.

Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa.

Para implementar este acuerdo en nuestra vida diaria será necesario desapegarnos de la recompensa. Si actuamos motivados sólo por la recompensa, entonces no haremos lo máximo que podemos. Pero lo que es peor, es que todo el camino y el proceso serán sufridos. Por el contrario cuando actuamos por el placer de hacerlo, entonces disfrutaremos el proceso y las recompensas tarde o temprano llegarán pero no estaremos apegado a ellas.

Hacer lo máximo que podemos es una invitación a vivir en el presente, sin inquietarnos por el futuro. Haz lo máximo que puedas, disfruta del camino y vive un día a la vez. El proceso implica aceptarte a ti mismo, ser consciente y aprender de tus errores. Practica, comprueba resultados y practica. Una y otra y otra vez.

Sin duda alguna los cuatro acuerdos tienen mucha más profundidad que la que me he permitido expresar aquí. He tratado de resumir su esencia, pero no dejaré de recomendar la lectura del libro que evidentemente contiene mucha más información valiosa que complementa su entendimiento.

Pero por ahora ya sabes lo esencial y puedes ir aplicandolo. Recuerda:

  • Aprende a utilizar tus palabras para tu bien y el de los demás;
  • Conócete y confía en ti mismo para que lo que digan los otros no te afecte;
  • Ten el valor de preguntar cada que no entiendas algo antes de hacer una suposición; y
  • Desapegate de la recompensa y mantente haciendo lo mejor que puedes por el placer de hacerlo, consciente de la situación real en la que te encuentras actualmente.

Los cuatro acuerdos desde mi perspectiva tienen el objetivo de sanar nuestra realidad emocional, y esto por ende, repercute en nuestra realidad física. Adoptarlos y hacerlos parte de nuestra vida definitivamente la harán más armoniosa. Recuperar parte de nuestra energía y nuestra libertad es el objetivo, logrando construir así una realidad mucho más coherente con lo que realmente somos.

Guía definitiva para fijar objetivos alcanzables

En el proceso de alcanzar nuestras metas es importante fijarse objetivos. Lo escuchamos y leemos en todos lados, hay que dividir una meta en pasos pequeños. Pero no nos dicen cómo hacerlo. ¿Cómo le hacemos para dividir una meta de manera realista?

Al establecernos objetivos básicamente dividimos nuestra meta. Por ejemplo, en la meta de bajar de peso, un objetivo puede ser el hacer ejercicio. Sin embargo, el simple hecho de decir que hacer ejercicio es necesario para bajar de peso, no nos da la suficiente claridad como para pasar a la acción. O si pasamos a la acción a veces fallamos en el intento, pero no porque seamos incapaces de hacerlo sino porque nos falta claridad.

Para cada promesa, hay un precio por pagar… Cuando la promesa es clara, el precio a pagar es fácil…

Jim Rohn

Los objetivos son esenciales para tener un plan de acción. Si no tenemos un plan de acción, entonces nuestra meta muy posiblemente sólo se quede en un deseo. Existe una metodología que es grandiosa para brindarnos esta claridad, se llama SMART y hoy te cuento más como utilizarla para fijar tus objetivos.

¿Qué es la metodología SMART?

SMART es una palabra en inglés que significa inteligente. La metodología se llama de esa manera debido a que la palabra es un acrónimo. En este caso cada una de las letras que integra la palabra SMART representa una característica que debe tener el objetivo que nos propongamos.

  • S (Specific) Específico.
  • M (Measurable) Medible.
  • A (Attainable) Alcanzable.
  • R (Relevant) Relevante.
  • T (Time-Based) Temporal.

Estos criterios básicamente pretenden responder a las preguntas ¿Qué?, ¿Cuánto?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Cuándo?. Establecer objetivos SMART asegura que tengamos toda esta información clara, lo que nos lleva a la comprensión de lo que debemos hacer, ser y tener para lograrlo. Profundicemos en cada uno de estos aspectos para que todo quede más claro.

S: Específico

Para lograr este criterio hay que tomarnos muy en serio eso de especificar, entre más información tengamos mejor. Para lograrlo convendría responder primero que nada a la pregunta: ¿Qué quiero lograr?.

Por ejemplo si nuestra meta es leer más este año, no valdría la respuesta de: Quiero leer más. La palabra más puede significar muchas cosas dependiendo de si lees o no lees usualmente. Hay que evitar la ambigüedad y redactar el objetivo, valga la redundancia, de manera objetiva. ¿Qué es exactamente lo que quiero lograr?.

Mi recomendación aquí, a pesar de que después profundizarás en ello, es que reflexiones sobre el por qué es importante, de quien depende su realización, en dónde lo vas a hacer o qué cosas necesitas. Respondete a todas las preguntas de ¿Qué, cuánto, cómo, dónde, por qué y cuándo? y después redactalo como objetivo.

Por ejemplo: Voy a leer 1 libro físico por mes en la biblioteca de la escuela para aumentar mi velocidad de lectura.

  • ¿Qué voy a hacer? Leer
  • ¿Cuánto? 1 libro
  • ¿Cómo y dónde? Un libro físico en la biblioteca de la escuela
  • ¿Por qué? Para aumentar la velocidad de lectura
  • ¿Cuándo? De aquí a un mes

Ahí ya hay más claridad. ¿No te parece? Ahora toca profundizar en cada una de estas cuestiones.

M: Medible

El segundo criterio se refiere a que podamos cuantificar el avance de la meta. Necesitamos indicadores que nos rindan cuentas del avance. Sería bueno que te preguntes: ¿Cómo puedo medir mi objetivo? ¿En qué cosas voy a basar el avance o retroceso?

Regresando al ejemplo de la lectura, un indicador podría ser el número de páginas leídas, otro indicador podría ser la cantidad de tiempo invertido en la lectura y otro indicador podría ser la cantidad de libros leídos.

La recomendación es que sea algo medible en el corto plazo, por ejemplo algo que se puede medir cada día. Esto con la intención de llevar un registro y al final, por ejemplo de la semana, evaluar nuestro desempeño.

Recuerda que la pregunta principal a responder aquí es: ¿Cuántos?. Saber cuánto avance es necesario hacer día con día nos permite sentir que es más alcanzable asignarle un tiempo y espacio determinado para realizarlo. Así no te abrumas por la meta y es más sencillo que te enfoques en los pequeños pasos a dar.

A: Alcanzable

El siguiente factor es que sea realista. Esto quiere decir que vamos a tener que preguntarnos si realmente tenemos los recursos para hacerlo y si no es así, preguntarnos si es posible tenerlos. Y con recursos me refiero a cosas como el tiempo, las habilidades, las herramientas, las ganas, el lugar, etc. todo aquello necesario para llevarlo a cabo.

Por ejemplo, supongamos que mi objetivo es correr 1 hora diario, pero yo jamás he corrido. En ese caso el objetivo planteado no es muy realista porque no está tomando en cuenta mi rendimiento actual para correr, porque aún si lograsemos hacerlo por un día ¿esto sería sostenible en el tiempo? seguramente no. Así que un objetivo más realista, por ejemplo, sería correr 10 min diarios e ir incrementando con el tiempo.

Valdría la pena que te hagas preguntas como las siguientes:

  • ¿Tengo las habilidades que se necesitan para conseguirlo?
  • ¿Tengo las herramientas necesarias para llevarlo a cabo?
  • ¿La cantidad de tiempo que le voy a dedicar es compatible con las otras actividades de mi día?
  • ¿Dónde lo voy a hacer? ¿Es coherente con mis posibilidades?

Si identificas que no cuentas con algún recurso es solo cuestión de buscar soluciones. Si no posees cierta habilidad, entonces la desarrollas. Si no tienes ciertas herramientas, entonces las consigues. Si crees que no tienes tiempo, entonces aprendes a gestionarlo de una mejor manera. La idea es que el objetivo se sienta y sea alcanzable para nosotros y nuestras circunstancias particulares.

R: Relevante

Este criterio me parece de los más significativos. Que la meta sea relevante nos remite a la importancia y el valor que le adjudicamos a la consecución de la misma. Tiene que ser lo suficientemente valioso el conseguirlo, de lo contrario probablemente no habrá voluntad de nuestra parte para hacer que suceda.

En este punto es importante ser sinceros con nosotros mismos. Piensa si de verdad quieres ir por ese objetivo. Debes de tener en cuenta que detrás de todo logro siempre habrá tiempo, dinero y esfuerzo invertido. Así que reflexiona sobre las ventajas que te traería, sobre los cambios que representaría, sobre si encaja con tu visión a futuro, sobre si vale la pena poner tus recursos para su obtención.

Pongamos una situación hipotética. Me han diagnosticado una prediabetes y el médico me advierte que si no cambio mis hábitos alimenticios puede ser diagnosticada con diabetes, una enfermedad degenerativa que una vez que se adquiere no hay vuelta atrás. Para evitarlo me pongo en un régimen alimenticio no porque yo ame y me importe realmente comer saludablemente, sino porque hay una razón más poderosa detrás: no ser diagnosticado con diabetes.

Tener esto en mente es necesario porque si algún día existe (y existirá) la tentación de dejar todo de lado y volver a mis viejos hábitos alimenticios, puedo recordar la razón principal por la que estoy tomando la decisión de alimentarme saludablemente y eso probablemente me de la fuerza para mantenerme en el camino.

Hacer este tipo de reflexiones nos puede dar un panorama más completo de la situación. También es un buen ejercicio para determinar las prioridades de nuestros objetivos y metas. Recuerda que la pregunta a la que quieres responder aquí es ¿Por qué? ¿Por qué me estoy poniendo este objetivo? ¿ Por qué es importante? ¿Por qué lo quiero?

T: Temporal

Por último, es importante que el objetivo lo fijemos dentro de un plazo de tiempo determinado. Este criterio es súper necesario, sobretodo porque hace que la realización del objetivo no dependa de nuestra motivación para alcanzarlo sino de una fecha límite. Ponerle tiempo de expiración va a tener influencia en nuestro sentido de urgencia para realizarlo.

Para ejemplificar esto pensemos en dos situaciones. Por un lado supongamos que va a ser el cumpleaños de nuestra mamá y queremos ahorrar cierta cantidad de dinero para comprarle un regalo antes de que sea su día. Ahora supongamos que queremos ahorrar esa misma cantidad de dinero para comprarnos un regalo a nosotros algún día. ¿Cuál de las dos iniciativas crees que se cumpla más fácil? Evidentemente la que tiene una fecha límite.

El plazo de tiempo hace que establezcamos un objetivo con propósito. Pues, siguiendo con el ejemplo, si tuviéramos todo el tiempo del mundo quizá no ahorraríamos lo suficiente o ni siquiera ahorraríamos. De ahí la importancia de que exista un principio y un fin. Es necesario sentir un poco de presión saludable para que nos impulse a cumplir con la tarea.

Otra cosa para la que nos beneficia establecer un tiempo es evaluar si la velocidad en la que avanzamos hacia nuestro objetivo es la adecuada. Lo ideal es encontrar un equilibrio, ni tan rápido que se nos vaya la vida en alcanzarlo, ni tan lento que no permita ver resultados. Recuerda que la pregunta a la que hay que responder con este criterio es ¿Cuándo? ¿Cuándo lo voy a hacer? ¿En qué momento de mi día, en qué semana, en qué mes, en qué año?

Recapitulando, para cumplir nuestras metas siempre será importante tener claridad y esa claridad la conseguimos con un plan de acción.

Los objetivos SMART son una metodología que nos ayuda a bajar nuestros objetivos de las nubes a tierra firme, poniendo luz en el proceso que tendríamos que seguir para alcanzarlos. Responden a las preguntas de ¿Qué?, ¿Cuánto?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Dónde? para que seamos capaces de proponernos objetivos alcanzables, teniendo en cuenta nuestras circunstancias individuales, nuestros recursos y nuestras aspiraciones.

Es bueno recordar que al final la parte más importante de fijarnos objetivos es actuar para realizarlos. Si bien la metodología SMART es excelente para brindarnos una buen plan y facilitarnos el paso a paso, depende de nosotros si realizamos esos pequeños pasos o no. Así que no pospongas más la realización de ese objetivo y lánzate a la acción aún y si no fuera perfecto. Recuerda que la idea es ir evaluando en la práctica hasta que consigas una estrategia que funcione, encontrando el equilibrio entre tú y tus objetivos.

¿Hacerlo imperfecto es mejor que no hacerlo?

Pero no soy lo suficientemente bueno. No tengo la capacidad necesaria. No tengo el tiempo suficiente para hacerlo bien. ¿Cómo voy a hacerlo si no soy experto?

Pensamientos de ese tipo siempre invaden la mente de un perfeccionista. Y que fastidioso es, sentirse siempre insuficiente. Con incapacidad de actuar por el temor a cometer errores. Siempre deseando que hubiera más tiempo para hacer las cosas mejor. Si te resuena, no estas solo, yo me identifico totalmente con esa frustración.

Voy a ser sincera. Publicar estos artículos supone todo un reto para mi porque siempre siento que pueden quedar mejor de lo que están quedando. Y es una manera de ver la vida que está tan arraigada a mi que me supone un esfuerzo enorme sobreponerme, pero ya he descubierto porque es tan difícil y te lo quiero compartir. ¿Estás listo para conocerte un poco mejor?

Vivimos en una sociedad que valora el éxito

Para empezar, el entorno en el que vive la sociedad del siglo XXI está llena de exigencias. Estamos rodeados de estímulos, sobretodo a través de las redes sociales, en donde no vemos más que el éxito de los otros. Esto sesga nuestra percepción y entonces creemos que a todo el mundo le va de maravilla en todas las áreas de la vida. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Somos seres humanos, por supuesto que todos cometen errores, es solo que eso no se suele compartir. Nos bombardean con casos de éxito como si estos hubieran surgido de la noche a la mañana, como si no hubiera existido un proceso detrás que consistió en cometer un error tras otro. Se valora el éxito y se oculta el fracaso.

Como dice la psiquiatra Marian Rojas Estapé, estas vidas perfectas mostradas por todos en redes sociales muchas veces nos puede conducir a un estado profundo de frustración. Precisamente porque surge la comparación y sentimos que no estamos igual de bien que los demás. Seguro que te ha pasado.

Entonces inmersos dentro de este ambiente social, me parece muy razonable que exista un miedo compartido a cometer errores, a no estar a la altura, a no hacerlo bien, a «fracasar». Y luego estas ideas se ven reflejadas en una parálisis de acción y el afán de querer hacerlo todo muy bien se vuelve una de las razones por las que postergamos las tareas.

La procrastinación como resultado de querer alcanzar la perfección

De acuerdo con una investigación realizada en 2012 por el Consejo Nacional de Investigaciones de la Universidad de Buenos Aires:

La procrastinación se define como la tendencia a demorar tareas que deben completarse, que usualmente da lugar a un estado de insatisfacción o malestar subjetivo.

Galarregui, Marina y Keegan, Eduardo. (2012).

Procrastinar es una manera de enfrentar situaciones que nos producen emociones desagradables. Emociones como cansancio, estrés, fatiga, inseguridad, miedo al fracaso. Procrastinar es un alivio momentáneo con un alto precio: alejarnos de nuestros objetivos.

No es flojera, sino que tiene que ver con las emociones.

Psicóloga Marina Mammoliti. (2023).

Ahora que sabemos que la procrastinación es un mecanismo de defensa de nuestro cerebro para evitar emociones desagradables, te quiero contar cuáles son las principales razones por las que caemos en esta práctica:

  • Miedo al fracaso
  • Perfeccionismo
  • Distracción
  • Sentirnos abrumados.

Tres de estas razones están ligadas con el perfeccionismo desadaptativo. Y oh dios, el tema del perfeccionismo es tan amplio y apasionante que podría hacer un post entero solo de eso, pero te voy a contar los conceptos principales para comprender porque es una actitud que no nos deja avanzar a nuestros objetivos.

El perfeccionismo… ¿Positivo o negativo?

El perfeccionismo ha sido definido como la tendencia a establecer altos estándares de desempeño en combinación con una evaluación excesivamente crítica de los mismos y una creciente preocupación por cometer errores.

Frost, Marten, Lahart, y Rosenblate. (1990).

El perfeccionismo no es per se algo malo. De hecho en muchas investigaciones científicas se han diferenciado dos tipos de perfeccionismo: el positivo y el negativo, el normal y el neurótico, el adaptado y el desadaptado, esfuerzos positivos y preocupaciones desadaptativas. Aquí nos vamos a referir a ello como perfeccionismo adaptativo y no adaptativo.

Hay dos conceptos clave para entender esta diferenciación:

  • Estándares de desempeño: se refieren a las expectativas de lo que esperamos hacer o saber.
  • Discrepancia: hace referencia a la percepción que tenemos respecto a que continuamente no alcanzamos esas expectativas que nos establecimos para nosotros mismos.

Cuando los estándares (expectativas) son altos y la discrepancia (percepción de que no lo logramos) es baja, hay un perfeccionismo adaptativo, es decir una persona que se propone a hacer lo mejor posible y reconoce sus logros.

Cuando los estándares (expectativas) son altos y la discrepancia (percepción de que no lo logramos) es alta, hay un perfeccionismo desadaptativo, es decir una persona que se propone hacerlo excelente pero no reconoce más que su incapacidad de lograrlo.

¿Cómo se ve el perfeccionismo desadaptativo?

Una persona con perfeccionismo desadaptativo va buscar contra todo pronóstico y a toda costa, alcanzar la perfección (cosa de por sí ya imposible), es decir, persigue algo que no es realista. Suelen ser personas muy inflexibles. Creen que sólo existe una manera para hacer las cosas bien y se limitan a ver otras posibilidades. Y esta misma inflexibilidad les imposibilita cambiar los estándares, o las expectativas que tienen respecto a su desempeño, aún cuando estos están muy por fuera de su alcance real. Su autocrítica es disfuncional.

Lo que me parece más triste de este tipo de perfeccionismo porque yo lo he vivido en carne propia, es que la principal motivación es el miedo, no tanto el logro. Su autoimagen es tan dependiente de los resultados que alcanza, que el hecho de no hacer bien una tarea se interpreta como un defecto personal.

Se teme a la crítica o a que se le señalen los errores porque se lo toma de manera personal, no es capaz de verlo como aprendizaje. Si algo les sale mal pueden llegar a sentirse como impostores, como que no son merecedores, se alejan de las personas y afecta directamente en su autoestima.

¿Cómo se ve el perfeccionismo adaptativo?

Ante la realización de una tarea una persona con este tipo de perfeccionismo tiende a buscar hacer las cosas lo mejor posible, pero siendo consciente de que sus recursos son finitos. Por ejemplo, sabe que no tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo, sabe que no siempre tiene niveles altos de energía, sabe que no siempre tendrá las herramientas que necesita disponibles, y lo que es más importante esto no lo abruma, ni le hace sentir que no será capaz de hacerlo bien. Simple y sencillamente acepta que dentro de sus posibilidades lo hará lo mejor posible. Su autocrítica es funcional.

Otra característica es que persigue el logro por la satisfacción y el placer de hacerlo bien. No lo hace por miedo o porque ello esté implicado en su valía personal. Miedo al qué dirán, miedo a no ser aceptado, miedo a no hacerlo bien, no son miedos que le afecten de la manera en que sí lo harían en un perfeccionista desadaptado.

¿Y si cometen errores? Entonces los verán como lo que son: aprendizajes. Reconocen el valor de cometer errores porque les permiten identificar puntos de mejora, para en próximas ocasiones hacerlo aún mejor. No se les viene el mundo encima por haber cometido un solo error, más bien los aceptan como parte del proceso.

Que ganas de estar en ese lado del perfeccionismo ¿no? Ojalá fuera tan fácil como decidir que no nos importe, pero ¿como le hacemos? ¿en donde está la clave? ¿qué cosa hace que nos mantengamos en la procrastinación?

Cuando el perfeccionismo no te deja avanzar

Como mencionaba antes, hay tres principales razones por las que procrastinamos que tiene que ver con el perfeccionismo desadaptativo: el afán de querer hacerlo perfecto, el miedo al fracaso y sentirnos abrumados.

Todas estas razones confrontan directamente los principales miedos de un perfeccionista de este tipo. Por un lado se debe lidiar con el hecho de que no vamos a poder hacer las cosas perfectas, porque siempre todo será mejorable. También nos enfrenta con uno de los mayores miedos, que es el cometer errores. Y por último nuestros altos estándares nos pueden hacer sentir abrumados.

Todas estas situaciones en conjunto crean el ecosistema perfecto que hacen que un perfeccionista postergue tareas, objetivos, metas y sueños. Y entonces podrían pasar los años sin atreverse a dar el paso, porque momentáneamente será más cómodo no exponerse al fracaso, no recibir críticas, no cometer errores que le bajen el autoestima y no abrumarse por no alcanzar sus expectativas.

Es como cuando yo empecé este blog. Mi estrategia de tiempo era tan irracional que comencé a sentir abrumada a la semana de comenzar. Quería usar absolutamente todo mi tiempo libre para trabajar en la investigación y estructuración de los artículos, ignorando completamente que a veces no tengo la energía suficiente para hacerlo, que debo valorar el descanso, el tiempo con mi pareja, con mis amigos, familia y el tiempo de ocio.

Caí en el error de querer hacerlo perfecto desde el principio y eso me estaba provocando mucho estrés. Esta expectativa a la larga no iba a ser sostenible porque me iba a cansar y seguramente terminaría botando el proyecto o procrastinando la escritura de los post, por no poder manejar las emociones incómodas que me producía.

Muy bien, ya entendimos como el perfeccionismo y la procrastinación están íntimamente relacionados y porque no nos dejan acercarnos a nuestros objetivo. Ahora, ¿Qué hacemos?

Tips para un perfeccionista que procrastina

1. No eres tus logros. Cambia la perspectiva.

La principal recomendación aquí sería desligar los logros de nuestra autoimagen. Y este es un trabajo personal profundo que consiste en lidiar con el hecho de que los logros no nos dan el valor como personas. Sin embargo, estoy segura que un proceso como este es individual y será mejor conducido en terapia, bajo la guía de un experto. Por ahora te dejo aquí algunas reflexiones que han influido en mi cambio de perspectiva:

  • «Si no logro hacerlo perfecto, no significa que valgo menos como persona»
  • «Los demás no me quieren por lo que he logrado, me quieren por ser yo»
  • «Lo estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo»
  • «Mi valía personal no depende de mi éxito en esta tarea»
  • «Ser perfecta es imposible, soy un ser humano»

A veces para interiorizar frases como estas sirve hacernos preguntas en el momento en el que estamos invadidos por la presión de alcanzar un nivel de perfección autoimpuesto. Podrías probar preguntándote: ¿Qué es lo peor que puede pasar si no lo hago perfecto? ¿Realmente vale la pena estar en este estado de presión para el resultado que quiero conseguir? ¿Qué es más importante, hacerlo imperfecto o no hacerlo?

2. Los errores son más valiosos que los éxitos.

Hay que hacer que los errores tengan un nuevo significado para nosotros. No, no es que fracasamos, es que aprendimos cómo no hacerlo. El aprendizaje es lo más valioso que nos podemos llevar de los errores. Hay que ser capaces de hacernos preguntas poderosas después de un error, como por ejemplo:

  • ¿Cómo puedo hacerlo mejor para la siguiente?
  • ¿Qué puedo aprender de esto?
  • ¿En qué cosas puedo mejorar?
  • ¿Qué sí hice bien?

No he fracasado. He encontrado 10.000 formas que no funcionan. 

Thomas Edison. 

Piensa en algún momento de tu vida en el que las cosas no fueron como tú querías. Estoy segura de que de situaciones así obtuviste más aprendizaje que de momentos en los que fue todo como tú esperabas y te salió todo perfecto.

A lo mejor reprobaste algún examen, recibiste algún llamado de atención por parte de tu jefe o chocaste mientras conducías. Seguramente para la próxima te preparaste más para el exámen, te esforzaste más en esa área del trabajo o fuiste más atento cuando manejabas. Esos errores te hicieron más fuerte, más resiliente, más hábil. Así que al final fue mucho mejor haberlos cometido.

Entre antes aceptemos que los errores son parte del camino, menos tortuoso será cometerlos. Si ya van a suceder, entonces hay que sacarle provecho ¿No crees?

3. Aprende a priorizar. Enfócate en lo importante.

Dice la psiquiatra Marian Rojas Estapé que uno de los problemas del perfeccionista es creer que tiene que ser perfecto en todas las áreas de la vida, al mismo tiempo. Yo he caído en eso, querer ser la mejor empleada, pero también la mejor estudiante y la mejor amiga y la mejor pareja y la mejor hija y tener un desempeño increíble y hacer ejercicio y comer bien y no fallar en ninguna….. Pff, es agotador de una vez te lo digo, no vale la pena.

En pocas palabras la idea de que seamos perfectos en absolutamente todo lo que hagamos es simplemente una meta irreal. Tenemos que estar en paz con eso y aprender a elegir bien en que queremos enfocar nuestra energía y perfeccionismo.

Ella dice que la clave es que ninguna de las áreas debe de estar desatendida y la otra clave es aceptar que habrá épocas de la vida donde algunas áreas sean más importantes que otras, y eso está bien, no podemos pretender hacer absolutamente todo bien, todo el tiempo.

4. Que tus estándares sean altos pero no irreales.

Es necesario interiorizar que no somos una máquina de productividad y excelencia, somos seres humanos. Nuestros recursos son limitados. El tiempo que tenemos es limitado porque tenemos muchas otras responsabilidades y necesidades. La energía que tenemos es limitada y necesitamos descansar y comer bien para recuperarla. Nuestro estado de ánimo es variable, las circunstancias de la vida también lo son.

Hay que recordar constantemente el cuarto acuerdo que menciona Don Miguel Ruiz en su libro «Los cuatro acuerdos»:

«Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Pero piensa que eso va á variar de un momento á otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno.»

Don Miguel Ruiz

Este autor nos invita a recordar que independientemente de los resultados que obtengamos, lo importante es quedarnos con la satisfacción de haber hecho lo mejor que pudimos con lo que tuvimos. Porque si nos esforzamos más de lo necesario no rendiremos y si por el contrario hacemos menos de lo que podemos hacer nos sentiremos culpables. Es cuestión de encontrar el equilibrio. Y para un perfeccionista muchas veces el equilibrio se encuentra en no sobre exigirnos irracionalmente.

5. Es la constancia y no la perfección, lo que produce resultados excelentes.

Es necesario aspirar a la constancia y no a la perfección. Una acción aislada, por más perfecta que sea, no nos va a llevar a cambiar nuestro sistema de creencias. Pero conforme acumulemos acciones, aunque estas no sean perfectas, en pos de un objetivo, iremos acumulando evidencia de que somos capaces. Y es ahí donde está la magia.

Dice James Clare en su libro de «Hábitos atómicos» que es como si de una democracia se tratase, no tienes que obtener todos los votos, sino la mayoría. Por ejemplo si lo que queremos es convertirnos en deportistas, cada día que te ejercitas es un voto, no pasa nada si de los siete días de la semana sólo te ejercitas cinco o si lo haces poco tiempo o lo haces a medias, al final, lo practicas la mayoría de los días. En otras palabras, no hay que aspirar a la perfección de ejercitarse todos los días una cantidad de tiempo o intensidad específicos, sino a la constancia de hacerlo la mayoría de ellos.

A la larga lo que hará la diferencia será la constancia, porque como hemos escuchado por ahí: la práctica hace al maestro. Y conforme más tiempo de práctica tengamos más fácil será que ejecutemos las acciones de la manera más perfecta posible. Entre otras cosas porque ya tendremos experiencia y habremos aprendido de los errores cometidos en el camino.

 El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.

Winston Churchill. 

Así que ahora ya lo sabes. La procrastinación y la obsesión por hacer todo perfecto son conceptos que están interrelacionados. Si bien vivimos en una sociedad que valora el éxito por encima del fracaso y propicia el hecho de que no nos atrevamos a cometer errores, es importante interiorizar que estos son una parte intrínseca del proceso hacia el éxito.

El querer alcanzar la perfección es una meta irracional simplemente porque nada es perfecto y aferrarnos a lograrla sólo nos producirá insatisfacción y frustración. Nuestra meta, más bien, debería de ser acercarnos cada día más al perfeccionismo adaptativo en donde seamos conscientes de nuestros recursos para ejecutar las tareas lo mejor posible, sin desgastarnos y sin dejar de dar lo mejor de nosotros.

El perfeccionismo es una buena característica si la sabemos aprovechar, no dejemos que se convierta en una limitante para la consecución de nuestras metas.

6 recomendaciones para desbloquear tu desarrollo personal

¿No te he pasado que a veces sientes que tu vida está estancada? Es como si cualquier oportunidad de escalar a un siguiente nivel pareciera requerir mucho esfuerzo, mucho tiempo, muchas ganas, muchos recursos.

Si bien las razones de porque sucede esto puede llegar a ser tema de interés, en este post me quiero enfocar en qué cosas pueden propiciar que salgamos de ahí. Ya basta de estar bloqueados, llegó el momento de avanzar.

Si te gustaría conocer las 6 diferentes recomendaciones que ya me han ayudado a mi a salir de un bloqueo personal ¡sigue leyendo! Encontrarás también algunos datos interesantes y recomendaciones a otros recursos en los que puedes profundizar si así lo deseas.

1. Experimenta cosas nuevas

Dentro del mismo ciclo de la rutina difícilmente vas a encontrar algo que te desafíe o que te devuelva la curiosidad. Porque si a tu entorno ya lo dominas, no hay tanto lugar para la sorpresa o para descubrir nuevas cosas que te apasionen. Si salir de la zona de confort suena como un gran reto, te invito a mirarlo más como una iniciativa de curiosidad.

No es necesario comenzar toda una vida nueva y tomar grandes decisiones para esto. Puedes comenzar por cosas pequeñas y de preferencia que te ilusionen: inscribirte a un curso de algo que te interesa, salir a caminar en un lugar distinto, quedar con un amigo que hace tiempo no veías ¡Hay todo un mundo de posibilidades!

Sería preferible hacer cosas que te pongan a prueba, en las que no seas tan hábil. No tengas miedo de retar un poco a tu cerebro, te aseguro que ganarás más confianza solo por atreverte a cambiar un poco la rutina.

Mi experiencia saliendo de la zona de confort

En mi caso personal salir de la rutina ha significado adentrarme en todo lo que es el mundo de los que crean contenido en internet. Aprender al respecto ha hecho que rompa un montón de paradigmas y creencias limitadoras que estancaba mi propio crecimiento. Así que me ha tocado dejar de lado mi miedo a no hacerlo perfecto y simplemente experimentar.

He tenido que aceptar la dificultad de ser principiante y de repente hacerlo todo mal o no entender muy bien las cosas. Pero sé que como todo, es un proceso, y que aunque ahora sea un desafío, mañana se puede convertir en una habilidad gracias a que me permití probar algo distinto.

Así que no te lo pienses mucho, sólo pasa a la acción de hacer algo diferente. Seguramente descubrirás todo un mundo de posibilidades que antes ignorabas.

2. Establece metas alcanzables

Antes que nada, si queremos desbloquear nuestro desarrollo, alguna meta deberíamos de tener. Quizá suene obvio, pero yo muchas veces caí en la mentira de creer que solo por tener una idea vaga en mi cabeza de lo que quería sería suficiente para hacerlo realidad.

«Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre».

William Thomson Kelvin, físico y matemático británico

Sentarnos a reflexionar sobre lo que en realidad queremos alcanzar y escribirlo en papel, con plazos y recursos necesarios para realizarlo, puede arrojar mucha luz a todas estas iniciativas y permitirnos verlo más claro.

Sobre las metas y los objetivos hay mucho de lo que hablar (pero eso será tema de posts futuros), sin embargo lo que me gustaría dejar claro es que entre más alcanzable sintamos que es una meta, será más fácil que nos motivemos para lograrla. Está bien soñar en grande y apuntar alto, pero en la subdivisión de esos objetivos, sería de gran ayuda que lo plantees como cosas realizables. De lo contrario, seguramente te cansaras y frustraras incluso antes de haber iniciado a hacer algo.

Mi experiencia estableciendo metas alcanzables

Yo ni siquiera me hubiera planteado sentarme a escribir este post, si la existencia del mismo no formara parte de un objetivo más grande. Sin embargo, lo estoy haciendo y no sólo por que es algo que quería hacer desde hace mucho y me encanta hacer, sino porque por primera vez, sentí que era capaz de hacerlo. Sólo me tenía que enfocar en escribir esta entrada, sólo eso.

«Las cosas más importantes en la vida no resultan de momentos únicos y extraordinarios, sino de las pequeñas opciones que tomas cada día.»

James Clear

El libro de Hábitos Atómicos de James Clear contiene información valiosísima que respalda esto que te estoy contando. Te invito a leerlo si no lo haz hecho aún, estoy segura de que es de mucha utilidad en el ámbito de ponerse metas y alcanzarlas. Su lectura me ayudó a comprender que es un momento mágico de cambio, sino una serie de pequeñas acciones repetidas en el tiempo las que hacen una gran diferencia a la larga.

3. Haz del aprendizaje una constante

Este factor es clave para el crecimiento personal. Yo soy una apasionada de aprender cosas nuevas. Y no me refiero necesariamente a hacer un curso especializado sobre algo, aprender informalmente también aporta a nuestro desarrollo.

«[…] aprendemos informalmente de manera constante: en el puesto de trabajo, en el hogar, en los grupos primarios de socialización, en el cine o leyendo un libro o en los propios centros educativos, dentro y fuera de las aulas. La mayor parte del conocimiento que utilizamos en la vida cotidiana no lo hemos adquirido en la escuela.»

Jordi Adell, Universitat Jaume I

Así que te invito a leer, escuchar podcast, mirar videos, seguir redes sociales que nutran tu desarrollo, tu aprendizaje, tus habilidades. Estoy segura de que con que pongas en práctica una de las miles de recomendaciones que puedes encontrar, esa puede hacer la diferencia. Además, creo que mantenerse en ese camino, puede llegar a ser una influencia positiva.

Es como si de un proceso de maduración se tratara. Con el tiempo y las experiencias que nos atrevemos a experimentar (como sugerí en el primer punto), vamos a poder internalizar esos conocimientos y ponerlos en práctica para comprender de manera más profunda el valor de los mismos.

Así que no dejes de aprender, hay miles de recursos gratuitos en internet y si tienes la posibilidad de invertir en educación no dudes en hacerlo, te aseguro que te traerá muchísimos beneficios aunque de principio no lo notes.

Te dejo aquí mis tres recomendaciones favoritas de los libros que más impacto han causado en mi vida:

  • Hábitos atómicos – James Clear
  • Tiende tu cama – William H. McRaven
  • Los cuatro acuerdos – Dr. Miguel Ruiz

4. Haz ejercicio

Quizá te vas a preguntar ¿Pero el ejercicio que tiene que ver con mejorar mi desarrollo? ¡Mucho! De verdad. No lo subestimes. No sólo es una cuestión de salud física, el ejercicio es fundamental para mejorar tu bienestar emocional.

Ya hace tiempo que en la comunidad científica se confirmó esta relación entre el bienestar psicológico y la práctica de la actividad física. En 2008 se publicó en la revista «International Journal of Clinical and Health Psychology» un artículo que investigaba respecto al Bienestar psicológico y hábitos saludables queriendo responder a la pregunta de si estos estaban asociados a la práctica de ejercicio físico. Estas fueron sus conclusiones:

«Los datos obtenidos en el presente trabajo permiten concluir que el bienestar
psicológico está asociado a la práctica de actividad física. Las personas que realizan regularmente ejercicio físico se perciben más saludables, con menor estrés y presentan mejor estado de ánimo que aquellas otras que no realizan ningún tipo de ejercicio físico.»

Jimenez, Manuel G. (2008)

Sé que a veces ni siquiera encontramos la energía para hacerlo, pero paradójicamente no tenemos energía por falta de ejercicio. Creeme que lo más difícil es empezar. Una vez dados los primeros pasos, descubrirás los increíbles efectos que tendrá en tu estado anímico y el potencial de motivación que hay cuando nos sentimos bien.

Siempre empieza de menos a más. No caigas en el error de querer cambiar de golpe todo tu estilo de vida y prometerte a ti mismo que vas a ejercitarte todos los días si actualmente no lo haces ni uno solo. Ve de a poco, así como lo mencioné en el apartado de Metas alcanzables.

Por ejemplo, puedes comenzar haciendo ejercicio en casa dos veces por semana, sólo 10 min. La siguiente semana sube la duración a 15 min, la siguiente a 20 min, y así hasta que llegues a 1 hora. La idea es ir incrementando los días y la duración del ejercicio conforme te vayas sintiendo capaz. ¿Verdad que suena más simple a hacer 1 hr diario de la nada?

Es la constancia del ejercicio y no tanto su intensidad o duración, lo que va a hacer la diferencia. Conviértelo en un hábito y con el tiempo notarás que salir de ese estado de estancamiento se verá como una tarea más sencilla.

5. Rodéate de las personas correctas

Últimamente me he dado cuenta del poderosísimo valor que tienen las personas que nos rodean. Es real, las relaciones que establecemos pueden hacer la diferencia entre tener un día bueno y uno que no lo fue tanto. Pero el verdadero potencial es, que la persona en la que nos podemos convertir depende en gran medida de aquellos con los que más nos relacionamos, porque su poder de influencia sobre nosotros es altísimo.

«Eres el promedio de las cinco personas que te rodean.»

Jim Rohn

¿Pero y si las personas que me rodean no se parecen a eso en lo que me quiero convertir? ¿Y si no hay nadie cercano a quien admire con quien establecer relación? Para eso, hoy en día, tenemos el maravilloso internet. Esa es una de las razones por las que amo haber nacido en esta época tecnológica. Ahora estamos más cerca que nunca de conectar con gente que nos inspire y tenemos la posibilidad de escucharlos o leerlos todos los días.

Mi experiencia eligiendo mis influencias positivas

Esta ha sido una de las claves para yo poder desbloquear mi desarrollo: mantenerme cerca de aquellos que me inspiran. Escuchar podcast de gente con la que conecto, inscribirme a cursos de personas en las que creo, ver videos de aquellos que me inspiran. Mantenerme ahí es como generar mi propia red de apoyo.

Ahora bien, si en el mundo real las relaciones que mantenemos con los demás no son las mejores, sin duda alguna interferirá en nuestro propio desarrollo personal. Cuida cómo tratas a los demás y también observa cómo ellos te tratan. Hay que tener muy buen ojo para saber qué personas sí nos aportan algo positivo y cuáles no.

Aprender a poner límites es clave en este punto, así que no estaría nada mal empezar a practicar esa habilidad. Te recomiendo ampliamente escuchar el episodio 32, de la temporada 1 del podcast de Psicología al desnudo (el cual me encanta), para que aprendas un poco como manejar este punto.

6. Conócete a ti mismo

Por último, no puedo dejar de mencionar el tema del autoconocimiento. Somos proceso dice la psicoterapeuta Nilda Chiaraviglio, y que afirmación tan verdadera. Esto de conocernos va a ser una tarea constante de aprendizaje, simplemente porque cambiamos conforme vamos creciendo y teniendo nuevas experiencias. Puede que yo antes quisiera A y ahora quiero B, y eso está bien, es parte del proceso y hay que aprender a aceptarlo.

Es importante conocernos para poder amarnos. Y es importante amarnos para sacarnos a nosotros mismos de ese bloqueo de desarrollo. Cuando uno ama es compasivo, empático y paciente, cualidades que propician todo proceso de desarrollo.

¿Pero como me conozco? Si bien hay muchas herramientas de autoconocimiento y seguramente el mejor lugar para hacerlo es en terapia de mano de un profesional, considero que es fundamental que te permitas experimentar. Porque muchas veces sólo en la práctica es donde empiezas a comprenderte. Es en el hacer en donde comenzamos a ver con más claridad.

Mi experiencia conociendome a mi misma

Lo digo con todo conocimiento de causa. Yo era de las que siempre buscaba aprender todo en la teoría. Me empapaba de conocimiento, leía libros, escuchaba conferencias, era capaz de quedarme horas reflexionando sobre mi vida, lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que quería y lo que no quería. Pero a veces uno cree que quiere cosas y resulta que en la práctica a lo mejor no lo quieres tanto. O a lo mejor ni siquiera sabes que existe eso que anhelas. No fue hasta que me atreví a dar pasos a la acción, lo que me hizo conocerme mejor y comprobar o refutar mis teorías. Así que te invito a que no te quedes sólo reflexionando, también descubrete haciendo.

Dejando eso en claro igual te dejo aquí la recomendación de un episodio que me encanta de Psicología al desnudo (y disculpa, no me pagan nada por recomendarla pero enserio que amo ese podcast) en donde se profundiza al respecto. https://www.youtube.com/watch?v=OxIYsMuVyek

El tema de salir de un bloqueo es todo un reto. Sobretodo porque cuando estamos en ese punto significa que entramos en un círculo vicioso que nos mantiene ahí aún cuando no queremos. La idea con todas estas recomendaciones es que por lo menos una de ellas te permita romper ese ciclo de comportamiento, para que te salgas del patrón y comiences nuevos procesos que te traigan mucha más satisfacción personal.

Espero que esta información haya sido de ayuda. Cuéntame si te parece que existe alguna otra cosa que podríamos hacer para salir de un bloqueo personal, me gustaría leerte. Te mando un abrazo digital y nos leemos en el siguiente post.