Estrés y sueño: Impacto en la salud y claves para un descanso reparador

¿Sabías que de acuerdo con la UNAM más de un 45% de la población adulta mexicana tiene una mala calidad del sueño? Y según datos de la OMS cerca de un 40% de la población mundial son afectados por trastornos del sueño.

En el mundo hiper productivo que marca la sociedad actual dormir está infravalorado. Sin embargo, es mucho más importante de lo que la mayoría piensa. Una pobre calidad del sueño conlleva a un deterioro en nuestra salud mental y física.

El sueño al ser un mecanismo de regulación del cuerpo tiene importantes efectos en los niveles de estrés que una persona manifiesta. Y viceversa, el estrés tiene implicaciones en la calidad del sueño que podemos alcanzar.

Conocer esta relación entre sueño y estrés es conveniente para aprender a tomar medidas preventivas que nos ayuden a evitar las consecuencias desastrosas que implica mantener una mala calidad del sueño. En este artículo te explico la relación entre estos dos y también algunas estrategias que puedes implementar para mejorar la higiene de tu sueño.

¿Qué es el estrés y cómo afecta al sueño?

El estrés es una respuesta ante las demandas del entorno en donde estas se perciben como un desafío o una amenaza para el bienestar. Esta percepción de amenaza sucede porque se cree que las demandas superan los recursos que el individuo posee para enfrentarlas.

Por supuesto las personas podemos sentir estrés tanto por causas físicas como psicológicas. Es decir, podemos sentir estrés tanto por el hecho de que un tigre nos ataque como sólo por la idea de que un tigre nos ataque. Como vemos, el estrés es un proceso adaptativo y de emergencia. Existe porque es necesario para nuestra supervivencia, nos prepara para atacar o huir si es necesario. El problema recae en experimentarlo de manera constante.

Cuando nos estresamos, nuestro cuerpo libera grandes cantidades de una hormona llamada cortisol. Esta hormona está involucrada en distintos mecanismos de regulación del cuerpo, entre ellos el metabolismo, la función inmunológica y la respuesta al estrés. Estar estresados, es entrar en un estado de alerta en donde el organismo deja alguna funciones de lado priorizando el hacer frente a la amenaza. Experimentar esto de forma crónica desregula un montón de procesos en nuestro organismo, incluyendo el sueño.

Experimentar estrés durante el periodo diurno puede tener consecuencias a la hora de comenzar el ciclo nocturno, en donde por naturaleza al ser humano descansa. Las personas con altos niveles de estrés pueden experimentar dificultad para iniciar y mantener el sueño. También pueden sufrir de inquietud o movimientos involuntarios durante el sueño, así como episodios de sonambulismo o pesadillas.

La ciencia del sueño y su impacto en el estrés

«El sueño es un estado biológico activo, periódico, en el que se distinguen las etapas NREM y REM, que se alternan sucesivamente durante la noche.»

El acrónimo REM viene del inglés Rapid Eye Movement, que significa Movimiento Ocular Rápido. Cuando dormimos pasamos por estas dos fases del sueño una y otra vez, de cuatro a cinco veces dependiendo de la cantidad de tiempo que se duerma. Se estima que un ciclo del sueño (conformado por estas dos fases), tiene una duración de 90 minutos aproximadamente.

Primero entramos en la etapa NoREM, en la cual nuestro cuerpo comienza a relajarse progresivamente para pasar de un sueño ligero a un sueño profundo. En esta etapa suceden diversos procesos en el cuerpo que ayudan entre otras cosas a mejorar el aprendizaje, consolidar la memoria, hacer limpieza neuronal, realizar reparación y crecimiento de tejidos.

Del sueño profundo pasamos al sueño REM, el cual se caracteriza principalmente por movimientos oculares rápidos y una actividad cerebral muy alta, parecida a la que tenemos cuando estamos despiertos. En esta etapa se experimentan los sueños más vívidos. Y a pesar del nivel de actividad cerebral, el cuerpo está casi totalmente desconectado, para evitar que hagamos los movimientos que soñamos. Entre los principales beneficios que brinda el sueño REM están el equilibrar nuestro estado emocional y mejorar la creatividad.

Como vemos, dormir brinda un montón de beneficios pero ¿Qué pasa si no dormimos? Privar al cuerpo del sueño o no alcanzar una calidad óptima del mismo puede ocasionar: bajo rendimiento, problemas de carácter, mayor probabilidad de sufrir o provocar accidentes, mayor riesgo de desarrollar enfermedades digestivas, respiratorias, cardiovasculares, coronarias, crónico-degenerativas, etc. y diversidad de problemas psicológicos como irritabilidad, mal humor, tensión, fatiga, nerviosismo, falta de concentración y estrés.

Estrategias para mejorar la calidad del sueño

Si consideras que la calidad de tu sueño tiene oportunidad de mejora, te comparto algunas estrategias que pueden ayudarte a tener un descanso reparador.

1. Mantén una rutina de sueño

Nuestro cuerpo está diseñado para dormir por la noche, ahí es cuando nuestra fisiología y comportamiento se adaptan para descansar. Si queremos tener un sueño de calidad es necesario dormir durante ese lapso de tiempo. Se recomienda regularizar tanto la hora de irse a dormir como la hora de despertar. Permitiendo hasta dos horas de diferencia en los días libres en relación a los días de trabajo.

De ser posible armoniza tus horas de trabajo con tu cronotipo. Utilizando las hrs en las que te sientes con más energía para hacer las tareas que resulten más difíciles. Así el gasto de energía será más eficiente.

Si te duermes muy tarde y te interesa adelantar tu horario de sueño, es recomendable exponerse a la luz intensa a la primera hora de la mañana y evitar el ejercicio físico intenso, dispositivos electrónicos y tareas de excitación mental por lo menos 2 hrs antes de acostarte.

2. Crea el ambiente ideal

El entorno ambiental es fundamental para favorecer la conciliación y mantenimiento del sueño. Estas son algunas recomendaciones:

  • Un ambiente oscuro: Procura dormir en una habitación en la que no entre la luz y en la que no se deje el televisor encendido. Utiliza un antifaz si no es posible evitar la contaminación lumínica.
  • Un ambiente sin ruido: Asegura una habitación que esté aislada del ruido. También se puede insonorizar la habitación o utilizar tapones de oído de ser necesario.
  • Una temperatura adecuada: Evita los ambientes muy fríos o muy cálidos. Se recomienda una temperatura de entre 18°- 21°C.
  • Una buena cama: Utiliza colchones de firmeza media para evitar dolores de espalda y perjuicios en la calidad del sueño. Así mismo evita las almohadas altas y las de plumas.
  • Un ambiente ordenado: Duerme en una habitación ordenada y limpia. El desorden produce estrés y este dificulta el sueño.
  • Un ambiente con colores neutros: Utiliza colores neutros o aquellos que produzcan más paz y relajación (verdes, azules, lilas, en tonos pastel) en la habitación.
  • Una espacio sólo para dormir: Evita que en la habitación existan aparatos distractores como la televisión, radio, computadoras, etc. Así mismo, no utilices la cama para otra actividad que no sea dormir o tener sexo.

Apaga el celular y la televisión

La exposición a la luz emitida por dispositivos electrónicos antes de dormir provoca alteraciones en el ciclo del sueño. Usar el celular o mirar la televisión antes o durante el sueño nocturno produce entre otras cosas un retraso en el inicio del sueño y un aumento en el estado de alerta.

Es recomendable dejar de utilizar cualquier dispositivo electrónico que emita luz por lo menos dos horas antes del sueño habitual. Otra recomendación es activar el modo nocturno en tu celular, computadora y televisión para que cuando comience a caer la noche cambie la emisión de luz azul a luz amarilla y anticipe el momento de acostarse. También puedes valerte de las funciones que traen los mismos dispositivos para bloquearlos a determinada hora y dejar de utilizarlos.

Cuida tus hábitos alimenticios

Tener una dieta saludable siempre será una recomendación para mantener una buena salud. Sin embargo, en lo que respecta al sueño hay otras estrategias que puedes implementar:

  • Cena ligero.
  • Acuéstate dos horas después de cenar.
  • No te vayas a dormir con sensación de hambre.
  • Por la tarde-noche se recomienda ingerir alimentos ricos en triptófano (facilitan el sueño) como los lácteos, plátanos y frutos secos, así como hidratos de carbono de absorción lenta, como la miel y el pan integral.
  • En las últimas horas de la noche:
    • Evita alimentos ricos en aminoácidos tirosina y fenilalanina como la carne roja, los huevos, el jamón y aquellos ricos en vitamina C.
    • Evita el consumo de café, té y chocolate, así como quesos curados, pescados y vino.
    • Evita aquellos alimentos que produzcan flatulencias, acidez o reflujo.
    • Evita el consumo de alcohol y el uso de nicotina.

Prueba técnicas de relajación

Si te cuesta conciliar el sueño por estar muy tenso o estresado, lo recomendable es que te permitas utilizar unos momentos al final del día para relajar el cuerpo. Existe una diversidad de técnicas que puedes investigar y probar a profundidad entre las que se encuentran:

  • Meditación: Si eres nuevo, hay muchas meditaciones guiadas en Youtube, Spotify o demás aplicaciones que puedes buscar y aplicar, muchas de ellas están especializadas en hacerte conciliar el sueño.
  • Respiración profunda: A grandes rasgos se trata de que concentres tu atención en tu respiración y poco a poco comiences a alargar tanto las inhalaciones como las exhalaciones.
  • Lectura: El éxito de la utilización de esta técnica depende de cada persona y también del contenido de la lectura. Sin embargo, hacer una lectura corta al final del día puede ayudarte a desconectar de los problemas o tensiones del día.
  • Música relajante: Puedes probar a poner música relajante con sonidos de la naturaleza, música clásica suave o demás melodías que inducen a la serenidad. Así como en el apartado de la meditación existen muchas listas de reproducción creadas con esta finalidad.

Conclusión

El estrés y el sueño están íntimamente relacionados. El aumento en los niveles de estrés puede afectar nuestros ciclos de sueño y por su parte un mal descanso puede elevar los niveles de estrés. Un buen descanso propicia la longevidad y nos ayuda a mantenernos en un buen estado de salud tanto física como mental.

Estrategias como dormir por la noche y con un horario definido en un ambiente que propicie el sueño, dejar de utilizar dispositivos electrónicos antes de acostarnos, tener buenos hábitos alimenticios y utilizar técnicas para relajar el cuerpo pueden ayudarnos a conciliar un sueño de calidad. Cuéntame si conoces alguna otra estrategia para mejorar la calidad del sueño y cuál de todas las mencionadas te parecería más sencillo de incorporar en tu día a día.

Si te gustaría saber más sobre el tema, te dejo mis fuentes de información para la realización de este artículo en el apartado de referencias.

Referencias

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Benavides-Endara, P., & Ramos-Galarza, C. (2019). Fundamentos neurobiológicos del sueño. Revista Ecuatoriana de Neurología28(3), 73-80. http://scielo.senescyt.gob.ec/scielo.php?pid=S2631-25812019000300073&script=sci_arttext

Del Río Portilla, I. Y. (2006). Estrés y sueño. Revista Mexicana de Neurociencia7(1), 15-20. https://www.researchgate.net/profile/I-Yolanda-Del-Rio-Portilla/publication/341993557_Articulo_de_revision_Estres_y_sueno/links/5edd7b3e4585152945444406/Articulo-de-revision-Estres-y-sueno.pdf

García López, S. J., & Navarro Bravo, B. (2017). Higiene del sueño en estudiantes universitarios: conocimientos y hábitos. Revisión de la bibliografía. Revista Clínica de Medicina de Familia10(3), 170-178. https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1699-695X2017000300170&script=sci_arttext&tlng=pt

Miró, E., Lozano, M. D. C. C., & Casal, G. B. (2005). Sueño y calidad de vida. Revista colombiana de psicología, (14), 11-27. https://www.redalyc.org/pdf/804/80401401.pdf

Velayos, J. L., Moleres, F. J., Irujo, A. M., Yllanes, D., & Paternain, B. (2007). Bases anatómicas del sueño. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 30, pp. 7-17). https://scielo.isciii.es/pdf/asisna/v30s1/02.pdf

¿Hacerlo imperfecto es mejor que no hacerlo?

Pero no soy lo suficientemente bueno. No tengo la capacidad necesaria. No tengo el tiempo suficiente para hacerlo bien. ¿Cómo voy a hacerlo si no soy experto?

Pensamientos de ese tipo siempre invaden la mente de un perfeccionista. Y que fastidioso es, sentirse siempre insuficiente. Con incapacidad de actuar por el temor a cometer errores. Siempre deseando que hubiera más tiempo para hacer las cosas mejor. Si te resuena, no estas solo, yo me identifico totalmente con esa frustración.

Voy a ser sincera. Publicar estos artículos supone todo un reto para mi porque siempre siento que pueden quedar mejor de lo que están quedando. Y es una manera de ver la vida que está tan arraigada a mi que me supone un esfuerzo enorme sobreponerme, pero ya he descubierto porque es tan difícil y te lo quiero compartir. ¿Estás listo para conocerte un poco mejor?

Vivimos en una sociedad que valora el éxito

Para empezar, el entorno en el que vive la sociedad del siglo XXI está llena de exigencias. Estamos rodeados de estímulos, sobretodo a través de las redes sociales, en donde no vemos más que el éxito de los otros. Esto sesga nuestra percepción y entonces creemos que a todo el mundo le va de maravilla en todas las áreas de la vida. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Somos seres humanos, por supuesto que todos cometen errores, es solo que eso no se suele compartir. Nos bombardean con casos de éxito como si estos hubieran surgido de la noche a la mañana, como si no hubiera existido un proceso detrás que consistió en cometer un error tras otro. Se valora el éxito y se oculta el fracaso.

Como dice la psiquiatra Marian Rojas Estapé, estas vidas perfectas mostradas por todos en redes sociales muchas veces nos puede conducir a un estado profundo de frustración. Precisamente porque surge la comparación y sentimos que no estamos igual de bien que los demás. Seguro que te ha pasado.

Entonces inmersos dentro de este ambiente social, me parece muy razonable que exista un miedo compartido a cometer errores, a no estar a la altura, a no hacerlo bien, a «fracasar». Y luego estas ideas se ven reflejadas en una parálisis de acción y el afán de querer hacerlo todo muy bien se vuelve una de las razones por las que postergamos las tareas.

La procrastinación como resultado de querer alcanzar la perfección

De acuerdo con una investigación realizada en 2012 por el Consejo Nacional de Investigaciones de la Universidad de Buenos Aires:

La procrastinación se define como la tendencia a demorar tareas que deben completarse, que usualmente da lugar a un estado de insatisfacción o malestar subjetivo.

Galarregui, Marina y Keegan, Eduardo. (2012).

Procrastinar es una manera de enfrentar situaciones que nos producen emociones desagradables. Emociones como cansancio, estrés, fatiga, inseguridad, miedo al fracaso. Procrastinar es un alivio momentáneo con un alto precio: alejarnos de nuestros objetivos.

No es flojera, sino que tiene que ver con las emociones.

Psicóloga Marina Mammoliti. (2023).

Ahora que sabemos que la procrastinación es un mecanismo de defensa de nuestro cerebro para evitar emociones desagradables, te quiero contar cuáles son las principales razones por las que caemos en esta práctica:

  • Miedo al fracaso
  • Perfeccionismo
  • Distracción
  • Sentirnos abrumados.

Tres de estas razones están ligadas con el perfeccionismo desadaptativo. Y oh dios, el tema del perfeccionismo es tan amplio y apasionante que podría hacer un post entero solo de eso, pero te voy a contar los conceptos principales para comprender porque es una actitud que no nos deja avanzar a nuestros objetivos.

El perfeccionismo… ¿Positivo o negativo?

El perfeccionismo ha sido definido como la tendencia a establecer altos estándares de desempeño en combinación con una evaluación excesivamente crítica de los mismos y una creciente preocupación por cometer errores.

Frost, Marten, Lahart, y Rosenblate. (1990).

El perfeccionismo no es per se algo malo. De hecho en muchas investigaciones científicas se han diferenciado dos tipos de perfeccionismo: el positivo y el negativo, el normal y el neurótico, el adaptado y el desadaptado, esfuerzos positivos y preocupaciones desadaptativas. Aquí nos vamos a referir a ello como perfeccionismo adaptativo y no adaptativo.

Hay dos conceptos clave para entender esta diferenciación:

  • Estándares de desempeño: se refieren a las expectativas de lo que esperamos hacer o saber.
  • Discrepancia: hace referencia a la percepción que tenemos respecto a que continuamente no alcanzamos esas expectativas que nos establecimos para nosotros mismos.

Cuando los estándares (expectativas) son altos y la discrepancia (percepción de que no lo logramos) es baja, hay un perfeccionismo adaptativo, es decir una persona que se propone a hacer lo mejor posible y reconoce sus logros.

Cuando los estándares (expectativas) son altos y la discrepancia (percepción de que no lo logramos) es alta, hay un perfeccionismo desadaptativo, es decir una persona que se propone hacerlo excelente pero no reconoce más que su incapacidad de lograrlo.

¿Cómo se ve el perfeccionismo desadaptativo?

Una persona con perfeccionismo desadaptativo va buscar contra todo pronóstico y a toda costa, alcanzar la perfección (cosa de por sí ya imposible), es decir, persigue algo que no es realista. Suelen ser personas muy inflexibles. Creen que sólo existe una manera para hacer las cosas bien y se limitan a ver otras posibilidades. Y esta misma inflexibilidad les imposibilita cambiar los estándares, o las expectativas que tienen respecto a su desempeño, aún cuando estos están muy por fuera de su alcance real. Su autocrítica es disfuncional.

Lo que me parece más triste de este tipo de perfeccionismo porque yo lo he vivido en carne propia, es que la principal motivación es el miedo, no tanto el logro. Su autoimagen es tan dependiente de los resultados que alcanza, que el hecho de no hacer bien una tarea se interpreta como un defecto personal.

Se teme a la crítica o a que se le señalen los errores porque se lo toma de manera personal, no es capaz de verlo como aprendizaje. Si algo les sale mal pueden llegar a sentirse como impostores, como que no son merecedores, se alejan de las personas y afecta directamente en su autoestima.

¿Cómo se ve el perfeccionismo adaptativo?

Ante la realización de una tarea una persona con este tipo de perfeccionismo tiende a buscar hacer las cosas lo mejor posible, pero siendo consciente de que sus recursos son finitos. Por ejemplo, sabe que no tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo, sabe que no siempre tiene niveles altos de energía, sabe que no siempre tendrá las herramientas que necesita disponibles, y lo que es más importante esto no lo abruma, ni le hace sentir que no será capaz de hacerlo bien. Simple y sencillamente acepta que dentro de sus posibilidades lo hará lo mejor posible. Su autocrítica es funcional.

Otra característica es que persigue el logro por la satisfacción y el placer de hacerlo bien. No lo hace por miedo o porque ello esté implicado en su valía personal. Miedo al qué dirán, miedo a no ser aceptado, miedo a no hacerlo bien, no son miedos que le afecten de la manera en que sí lo harían en un perfeccionista desadaptado.

¿Y si cometen errores? Entonces los verán como lo que son: aprendizajes. Reconocen el valor de cometer errores porque les permiten identificar puntos de mejora, para en próximas ocasiones hacerlo aún mejor. No se les viene el mundo encima por haber cometido un solo error, más bien los aceptan como parte del proceso.

Que ganas de estar en ese lado del perfeccionismo ¿no? Ojalá fuera tan fácil como decidir que no nos importe, pero ¿como le hacemos? ¿en donde está la clave? ¿qué cosa hace que nos mantengamos en la procrastinación?

Cuando el perfeccionismo no te deja avanzar

Como mencionaba antes, hay tres principales razones por las que procrastinamos que tiene que ver con el perfeccionismo desadaptativo: el afán de querer hacerlo perfecto, el miedo al fracaso y sentirnos abrumados.

Todas estas razones confrontan directamente los principales miedos de un perfeccionista de este tipo. Por un lado se debe lidiar con el hecho de que no vamos a poder hacer las cosas perfectas, porque siempre todo será mejorable. También nos enfrenta con uno de los mayores miedos, que es el cometer errores. Y por último nuestros altos estándares nos pueden hacer sentir abrumados.

Todas estas situaciones en conjunto crean el ecosistema perfecto que hacen que un perfeccionista postergue tareas, objetivos, metas y sueños. Y entonces podrían pasar los años sin atreverse a dar el paso, porque momentáneamente será más cómodo no exponerse al fracaso, no recibir críticas, no cometer errores que le bajen el autoestima y no abrumarse por no alcanzar sus expectativas.

Es como cuando yo empecé este blog. Mi estrategia de tiempo era tan irracional que comencé a sentir abrumada a la semana de comenzar. Quería usar absolutamente todo mi tiempo libre para trabajar en la investigación y estructuración de los artículos, ignorando completamente que a veces no tengo la energía suficiente para hacerlo, que debo valorar el descanso, el tiempo con mi pareja, con mis amigos, familia y el tiempo de ocio.

Caí en el error de querer hacerlo perfecto desde el principio y eso me estaba provocando mucho estrés. Esta expectativa a la larga no iba a ser sostenible porque me iba a cansar y seguramente terminaría botando el proyecto o procrastinando la escritura de los post, por no poder manejar las emociones incómodas que me producía.

Muy bien, ya entendimos como el perfeccionismo y la procrastinación están íntimamente relacionados y porque no nos dejan acercarnos a nuestros objetivo. Ahora, ¿Qué hacemos?

Tips para un perfeccionista que procrastina

1. No eres tus logros. Cambia la perspectiva.

La principal recomendación aquí sería desligar los logros de nuestra autoimagen. Y este es un trabajo personal profundo que consiste en lidiar con el hecho de que los logros no nos dan el valor como personas. Sin embargo, estoy segura que un proceso como este es individual y será mejor conducido en terapia, bajo la guía de un experto. Por ahora te dejo aquí algunas reflexiones que han influido en mi cambio de perspectiva:

  • «Si no logro hacerlo perfecto, no significa que valgo menos como persona»
  • «Los demás no me quieren por lo que he logrado, me quieren por ser yo»
  • «Lo estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo»
  • «Mi valía personal no depende de mi éxito en esta tarea»
  • «Ser perfecta es imposible, soy un ser humano»

A veces para interiorizar frases como estas sirve hacernos preguntas en el momento en el que estamos invadidos por la presión de alcanzar un nivel de perfección autoimpuesto. Podrías probar preguntándote: ¿Qué es lo peor que puede pasar si no lo hago perfecto? ¿Realmente vale la pena estar en este estado de presión para el resultado que quiero conseguir? ¿Qué es más importante, hacerlo imperfecto o no hacerlo?

2. Los errores son más valiosos que los éxitos.

Hay que hacer que los errores tengan un nuevo significado para nosotros. No, no es que fracasamos, es que aprendimos cómo no hacerlo. El aprendizaje es lo más valioso que nos podemos llevar de los errores. Hay que ser capaces de hacernos preguntas poderosas después de un error, como por ejemplo:

  • ¿Cómo puedo hacerlo mejor para la siguiente?
  • ¿Qué puedo aprender de esto?
  • ¿En qué cosas puedo mejorar?
  • ¿Qué sí hice bien?

No he fracasado. He encontrado 10.000 formas que no funcionan. 

Thomas Edison. 

Piensa en algún momento de tu vida en el que las cosas no fueron como tú querías. Estoy segura de que de situaciones así obtuviste más aprendizaje que de momentos en los que fue todo como tú esperabas y te salió todo perfecto.

A lo mejor reprobaste algún examen, recibiste algún llamado de atención por parte de tu jefe o chocaste mientras conducías. Seguramente para la próxima te preparaste más para el exámen, te esforzaste más en esa área del trabajo o fuiste más atento cuando manejabas. Esos errores te hicieron más fuerte, más resiliente, más hábil. Así que al final fue mucho mejor haberlos cometido.

Entre antes aceptemos que los errores son parte del camino, menos tortuoso será cometerlos. Si ya van a suceder, entonces hay que sacarle provecho ¿No crees?

3. Aprende a priorizar. Enfócate en lo importante.

Dice la psiquiatra Marian Rojas Estapé que uno de los problemas del perfeccionista es creer que tiene que ser perfecto en todas las áreas de la vida, al mismo tiempo. Yo he caído en eso, querer ser la mejor empleada, pero también la mejor estudiante y la mejor amiga y la mejor pareja y la mejor hija y tener un desempeño increíble y hacer ejercicio y comer bien y no fallar en ninguna….. Pff, es agotador de una vez te lo digo, no vale la pena.

En pocas palabras la idea de que seamos perfectos en absolutamente todo lo que hagamos es simplemente una meta irreal. Tenemos que estar en paz con eso y aprender a elegir bien en que queremos enfocar nuestra energía y perfeccionismo.

Ella dice que la clave es que ninguna de las áreas debe de estar desatendida y la otra clave es aceptar que habrá épocas de la vida donde algunas áreas sean más importantes que otras, y eso está bien, no podemos pretender hacer absolutamente todo bien, todo el tiempo.

4. Que tus estándares sean altos pero no irreales.

Es necesario interiorizar que no somos una máquina de productividad y excelencia, somos seres humanos. Nuestros recursos son limitados. El tiempo que tenemos es limitado porque tenemos muchas otras responsabilidades y necesidades. La energía que tenemos es limitada y necesitamos descansar y comer bien para recuperarla. Nuestro estado de ánimo es variable, las circunstancias de la vida también lo son.

Hay que recordar constantemente el cuarto acuerdo que menciona Don Miguel Ruiz en su libro «Los cuatro acuerdos»:

«Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Pero piensa que eso va á variar de un momento á otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno.»

Don Miguel Ruiz

Este autor nos invita a recordar que independientemente de los resultados que obtengamos, lo importante es quedarnos con la satisfacción de haber hecho lo mejor que pudimos con lo que tuvimos. Porque si nos esforzamos más de lo necesario no rendiremos y si por el contrario hacemos menos de lo que podemos hacer nos sentiremos culpables. Es cuestión de encontrar el equilibrio. Y para un perfeccionista muchas veces el equilibrio se encuentra en no sobre exigirnos irracionalmente.

5. Es la constancia y no la perfección, lo que produce resultados excelentes.

Es necesario aspirar a la constancia y no a la perfección. Una acción aislada, por más perfecta que sea, no nos va a llevar a cambiar nuestro sistema de creencias. Pero conforme acumulemos acciones, aunque estas no sean perfectas, en pos de un objetivo, iremos acumulando evidencia de que somos capaces. Y es ahí donde está la magia.

Dice James Clare en su libro de «Hábitos atómicos» que es como si de una democracia se tratase, no tienes que obtener todos los votos, sino la mayoría. Por ejemplo si lo que queremos es convertirnos en deportistas, cada día que te ejercitas es un voto, no pasa nada si de los siete días de la semana sólo te ejercitas cinco o si lo haces poco tiempo o lo haces a medias, al final, lo practicas la mayoría de los días. En otras palabras, no hay que aspirar a la perfección de ejercitarse todos los días una cantidad de tiempo o intensidad específicos, sino a la constancia de hacerlo la mayoría de ellos.

A la larga lo que hará la diferencia será la constancia, porque como hemos escuchado por ahí: la práctica hace al maestro. Y conforme más tiempo de práctica tengamos más fácil será que ejecutemos las acciones de la manera más perfecta posible. Entre otras cosas porque ya tendremos experiencia y habremos aprendido de los errores cometidos en el camino.

 El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.

Winston Churchill. 

Así que ahora ya lo sabes. La procrastinación y la obsesión por hacer todo perfecto son conceptos que están interrelacionados. Si bien vivimos en una sociedad que valora el éxito por encima del fracaso y propicia el hecho de que no nos atrevamos a cometer errores, es importante interiorizar que estos son una parte intrínseca del proceso hacia el éxito.

El querer alcanzar la perfección es una meta irracional simplemente porque nada es perfecto y aferrarnos a lograrla sólo nos producirá insatisfacción y frustración. Nuestra meta, más bien, debería de ser acercarnos cada día más al perfeccionismo adaptativo en donde seamos conscientes de nuestros recursos para ejecutar las tareas lo mejor posible, sin desgastarnos y sin dejar de dar lo mejor de nosotros.

El perfeccionismo es una buena característica si la sabemos aprovechar, no dejemos que se convierta en una limitante para la consecución de nuestras metas.