Los cuatro acuerdos: Una guía para recuperar nuestro poder personal y ser libres

¿Alguna vez te ha pasado que, en el proceso de establecer objetivos para alcanzar ciertas metas, no encuentras la energía para realizarlos? A mi en lo personal sí me ha pasado y sé de primera mano lo frustrante que se puede volver. Pues no es tanto una situación de flojera, es más una situación emocional/mental de que no tienes energía extra para esas resoluciones.

Y en el proceso de conocer cómo obtener más energía o evitar esos bajones, no fue hasta que leí la explicación que da el Dr. Miguel Ruiz en su libro de Los Cuatro Acuerdos que todo me hizo mucho sentido. Añadiendo que pude comprobar mediante mi experiencia su eficacia.

Este autor explica que los seres humanos funcionamos a través de acuerdos, es decir, de creencias. La situación es que la mayoría de los acuerdos o creencias los hemos aprendido por herencia, es decir, no los elegimos conscientemente. Y estos están llenos de expectativas sobre cómo debemos ser y funcionar tanto nosotros como el mundo.

El problema recae en que crear y mantener estos acuerdos consume toda nuestra energía. Es agotador no tener la libertad de ser quien realmente somos y tratar de encajar en el molde que nos han dicho que tenemos que ser. Es por eso que al final nos queda la energía mínima necesaria como para sobrevivir, no más.

De ahí, los cuatro acuerdos surgen como estas nuevas creencias que forman parte de la estrategia para liberarnos de nuestra limitantes y nos ayudan a recuperar nuestro poder personal. El adoptar estos nuevos acuerdos, sin embargo, es un proceso difícil porque van en contra de nuestro sistema de creencias, el cual está muy arraigado a nosotros.

Pero difícil no significa imposible, como todo en la vida se trata de un proceso. Hoy te quiero contar cuales son estos cuatro acuerdos en caso de que no los conozcas, cómo podemos aplicarlos en nuestro día a día de manera práctica y los beneficios que te traerá si decides implementarlos.

Los cuatro acuerdos

1. Sé impecable con tus palabras

Este acuerdo hace referencia a usar las palabras con sabiduría. Es tener cuidado con lo que decimos y también con lo que pensamos. Las palabras tienen un gran poder, ya sea de creación o de destrucción, son casi como magia. Es por ello que es considerado como el acuerdo más importante.

Las palabras que nos dicen o decimos son importantes porque si nos las creemos, tienen el poder de cambiar nuestras creencias. Es por eso que hay que aprender a usarlas a nuestro favor, con el fin de crear una realidad en la que nos sintamos libres y amados.

Aunque parece simple, adoptar este acuerdo es difícil. En la sociedad en la que vivimos, hablar de los demás es muy común. Y tristemente, solemos hablar más mal que bien. Tenemos muy normalizado contar chismes e incluso fomentar el odio. Basta con observar cómo funcionan las redes sociales.

Para aplicar de manera práctica este acuerdo en nuestra vida, será necesario dejar de esparcir nuestro veneno emocional con los demás. Hay que dejar de despotricar, hablar de manera negativa de los otros, difundir rumores, sembrar la duda de la confiabilidad de alguien y en general dejar de utilizar las palabras para dañar a los otros.

Cuando hablamos mal de otro nos hacemos daño a nosotros, porque ese otro nos odiará por ello y ese odio no nos hará sentir bien. Por supuesto, también aplica para nosotros mismos. Hay que dejar de usar las palabras en contra nuestra. Que nuestro diálogo interno no sea de desprecio ni de odio.

El principal beneficio de adoptar este primer acuerdo es que nos dará inmunidad a las palabras negativas de otros. Esto sucede porque gracias a él, cambiamos el tipo de ideas que seremos capaces de aceptar.

El autor menciona que la mente humana es como un campo fértil y continuamente se plantan semillas en ella. Todas las mentes son fértiles, pero algunas lo son para semillas de amor y otras para semillas de miedo. Cuando somos impecables con nuestras palabras nos volvemos infertil para las ideas que provengan del miedo y fértil para las que vienen del amor.

La cantidad de amor es directamente proporcional a la cantidad e integridad de tus palabras. El primer acuerdo cambiará el tipo de semillas para las que tu mente será fértil. Con cumplir solo este tu realidad cambiará de manera exponencial.

No te tomes nada personal

Este acuerdo nace de la premisa que nos dice que las opiniones de los otros tienen más que ver con ellos mismos que con nosotros. Por lo tanto, pase lo que pase, no te lo tomes personal. Sea bueno o sea malo lo que los otros dicen de ti, realmente habla más de su realidad interior que de la tuya.

El que sea difícil cumplir este acuerdo tiene que ver con que hemos aprendido a darnos demasiada importancia personal. Creemos que el mundo gira a nuestro alrededor, que somos responsables de todo lo que acontece. Pero la realidad es que cada quien anda inmerso en su propio mundo y actuan como actuan por ellos mismos.

El acuerdo consiste en aceptar que incluso cuando algo parece muy personal, por ejemplo cuando alguien directamente te insulta, no tiene nada que ver contigo. Quizá te parezca una forma de pensar extremista, pero el autor explica que el comportamiento y las palabras del otro son producto de su forma de ver la vida. Los demás siempre se refieren a sus propias opiniones, emociones y pensamientos, no directamente a ti.

Tomarnos las cosas personal es similar a recoger toda la basura que el otro deja a su paso y quedarnos con ella. Tomarnos las cosas personal nos vuelve víctimas y blancos fáciles para herirnos. Tomarnos las cosas personal es darle nuestro poder a otro. Tomarnos las cosas personal es confiar más en los otros que en nosotros mismos.

Cuando no tomarte nada personal se convierta en un hábito, te evitarás muchos disgustos en la vida. 

Para poder aplicar este acuerdo en nuestro día a día será necesario autoconocernos y confiar en nosotros mismos más que en los demás. Si tú sabes quién eres, lo que el otro diga o piense es su problema.

Confía en ti primero para decidir si confiar o no en otro. Observa como el otro se comunica, lo que dice y lo que hace, y evalúa si hay congruencia, entonces elige si confiar o no. Pero nunca le des el poder al otro de decirte lo que eres porque eso sólo tú lo sabes. Incluso cuando las palabras de tu mente te digan una cosa, no tienes porque creerlo, porque no necesariamente son verdad.

No te tomes nada personal y una gran cantidad de libertad surgirá.

No hagas suposiciones

No hacer suposiciones es importante principalmente por el hecho de que hacerlas genera un gran sufrimiento. Cuando hacemos suposiciones las consideramos una verdad. Comprendemos mal las cosas y por no tener el valor de preguntarlo creamos drama por nada.

La raíz del por qué hacemos suposiciones viene de nuestra necesidad de sentirnos seguros. La mente humana necesita de respuestas, porque estas le dan certeza, aún y cuando estas respuestas no sean verdad. Y luego nuestra necesidad de tener razón se mete de por medio. Podemos llegar incluso a romper relaciones por defender nuestras suposiciones y querer tener la razón.

Para aplicar este acuerdo en el día a día es necesario implementar la práctica de preguntar, hay que tener el valor de hacerlo. Necesitamos aprender a darle voz a esa parte de nosotros que se queda confundida y evitar a toda costa interpretar lo que el otro piensa, dice o hace. Tenemos el derecho a preguntar y el otro está en la libertad de elegir si responder o no, aun cuando se niegue a hacerlo esa será una respuesta.

E incluso en las situaciones en las que sí nos atrevemos a preguntar y creemos entender la situación, nunca debemos dar por hecho que lo entendemos todo. Sería casi imposible entender absolutamente todo sobre una situación en particular, así que no supongas que lo sabes.

Si dejas de suponer y comienzas a preguntar te evitarás mucho sufrimiento emocional. Todo el gasto de energía que supone hacer una suposición y defenderla como verdad podrás aprovecharla para otras cosas que no impliquen sufrimiento.

Cuando ya no hagas suposiciones tus palabras se volverán impecables.

Haz siempre lo máximo que puedas

Este último acuerdo permite que los anteriores se conviertan en hábito. Crear hábitos es por sí mismo un proceso de evolución. Sin embargo, he notado que muchas veces este proceso de construir un hábito se puede volver un proceso de reproche y culpa por no alcanzar el objetivo que nos fijamos.

El cuarto acuerdo es un recordatorio para atravesar este proceso de transformación desde el amor y la comprensión. La idea que rige aquí es hacer lo máximo que podemos, no más, no menos. Es hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene. Puede haber una mala interpretación de este acuerdo si se cree que hacer lo máximo que podamos es sobre exigirnos, pero nada más lejos de la realidad.

Hacer lo máximo que podemos implica entender que todo está en constante cambio, incluyendonos a nosotros y a las situaciones externas a nosotros. Esto significa que muchas veces hacer lo máximo que podemos tendrá una enorme calidad y en otras ocasiones no tanto.

Por ejemplo, nuestro rendimiento y productividad puede variar en función de si estamos sanos o enfermos, felices o tristes, si tenemos energía o estamos cansados. Hay una infinidad de factores, tanto internos como externos, que pueden repercutir en nuestros resultados.

El secreto aquí es mantenernos haciendo lo máximo que podemos en cada circunstancia que nos ponga la vida, independientemente del resultado. Hacer lo máximo que podemos es la estrategia perfecta de equilibrio que nos protege de las consecuencias devastadoras de sus dos extremos.

Cuando hacemos más de lo que podemos nos sobrecargamos y gastamos más energía de la que tenemos, lo que nos agota y por ende a la larga nos hace ser menos productivos. Por su parte, cuando hacemos menos de lo que podemos nos sentimos culpables, hacemos reproches en contra de nosotros mismos y cargamos con la culpa del debería.

Limitate a hacer lo máximo que puedes, así no te juzgarás de ninguna manera. Y acepta que el proceso no es perfecto. Habrá ocasiones en las que, por ejemplo, no puedas evitar hacer suposiciones. Si te descubres haciéndolo, no te reproches ni te juzgues. Recuérdate a ti mismo que hiciste lo máximo que podías y vuelve a empezar. Es la repetición la que permitirá que un hábito se arraigue en nosotros.

Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa.

Para implementar este acuerdo en nuestra vida diaria será necesario desapegarnos de la recompensa. Si actuamos motivados sólo por la recompensa, entonces no haremos lo máximo que podemos. Pero lo que es peor, es que todo el camino y el proceso serán sufridos. Por el contrario cuando actuamos por el placer de hacerlo, entonces disfrutaremos el proceso y las recompensas tarde o temprano llegarán pero no estaremos apegado a ellas.

Hacer lo máximo que podemos es una invitación a vivir en el presente, sin inquietarnos por el futuro. Haz lo máximo que puedas, disfruta del camino y vive un día a la vez. El proceso implica aceptarte a ti mismo, ser consciente y aprender de tus errores. Practica, comprueba resultados y practica. Una y otra y otra vez.

Sin duda alguna los cuatro acuerdos tienen mucha más profundidad que la que me he permitido expresar aquí. He tratado de resumir su esencia, pero no dejaré de recomendar la lectura del libro que evidentemente contiene mucha más información valiosa que complementa su entendimiento.

Pero por ahora ya sabes lo esencial y puedes ir aplicandolo. Recuerda:

  • Aprende a utilizar tus palabras para tu bien y el de los demás;
  • Conócete y confía en ti mismo para que lo que digan los otros no te afecte;
  • Ten el valor de preguntar cada que no entiendas algo antes de hacer una suposición; y
  • Desapegate de la recompensa y mantente haciendo lo mejor que puedes por el placer de hacerlo, consciente de la situación real en la que te encuentras actualmente.

Los cuatro acuerdos desde mi perspectiva tienen el objetivo de sanar nuestra realidad emocional, y esto por ende, repercute en nuestra realidad física. Adoptarlos y hacerlos parte de nuestra vida definitivamente la harán más armoniosa. Recuperar parte de nuestra energía y nuestra libertad es el objetivo, logrando construir así una realidad mucho más coherente con lo que realmente somos.

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