Guía definitiva para fijar objetivos alcanzables

En el proceso de alcanzar nuestras metas es importante fijarse objetivos. Lo escuchamos y leemos en todos lados, hay que dividir una meta en pasos pequeños. Pero no nos dicen cómo hacerlo. ¿Cómo le hacemos para dividir una meta de manera realista?

Al establecernos objetivos básicamente dividimos nuestra meta. Por ejemplo, en la meta de bajar de peso, un objetivo puede ser el hacer ejercicio. Sin embargo, el simple hecho de decir que hacer ejercicio es necesario para bajar de peso, no nos da la suficiente claridad como para pasar a la acción. O si pasamos a la acción a veces fallamos en el intento, pero no porque seamos incapaces de hacerlo sino porque nos falta claridad.

Para cada promesa, hay un precio por pagar… Cuando la promesa es clara, el precio a pagar es fácil…

Jim Rohn

Los objetivos son esenciales para tener un plan de acción. Si no tenemos un plan de acción, entonces nuestra meta muy posiblemente sólo se quede en un deseo. Existe una metodología que es grandiosa para brindarnos esta claridad, se llama SMART y hoy te cuento más como utilizarla para fijar tus objetivos.

¿Qué es la metodología SMART?

SMART es una palabra en inglés que significa inteligente. La metodología se llama de esa manera debido a que la palabra es un acrónimo. En este caso cada una de las letras que integra la palabra SMART representa una característica que debe tener el objetivo que nos propongamos.

  • S (Specific) Específico.
  • M (Measurable) Medible.
  • A (Attainable) Alcanzable.
  • R (Relevant) Relevante.
  • T (Time-Based) Temporal.

Estos criterios básicamente pretenden responder a las preguntas ¿Qué?, ¿Cuánto?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Cuándo?. Establecer objetivos SMART asegura que tengamos toda esta información clara, lo que nos lleva a la comprensión de lo que debemos hacer, ser y tener para lograrlo. Profundicemos en cada uno de estos aspectos para que todo quede más claro.

S: Específico

Para lograr este criterio hay que tomarnos muy en serio eso de especificar, entre más información tengamos mejor. Para lograrlo convendría responder primero que nada a la pregunta: ¿Qué quiero lograr?.

Por ejemplo si nuestra meta es leer más este año, no valdría la respuesta de: Quiero leer más. La palabra más puede significar muchas cosas dependiendo de si lees o no lees usualmente. Hay que evitar la ambigüedad y redactar el objetivo, valga la redundancia, de manera objetiva. ¿Qué es exactamente lo que quiero lograr?.

Mi recomendación aquí, a pesar de que después profundizarás en ello, es que reflexiones sobre el por qué es importante, de quien depende su realización, en dónde lo vas a hacer o qué cosas necesitas. Respondete a todas las preguntas de ¿Qué, cuánto, cómo, dónde, por qué y cuándo? y después redactalo como objetivo.

Por ejemplo: Voy a leer 1 libro físico por mes en la biblioteca de la escuela para aumentar mi velocidad de lectura.

  • ¿Qué voy a hacer? Leer
  • ¿Cuánto? 1 libro
  • ¿Cómo y dónde? Un libro físico en la biblioteca de la escuela
  • ¿Por qué? Para aumentar la velocidad de lectura
  • ¿Cuándo? De aquí a un mes

Ahí ya hay más claridad. ¿No te parece? Ahora toca profundizar en cada una de estas cuestiones.

M: Medible

El segundo criterio se refiere a que podamos cuantificar el avance de la meta. Necesitamos indicadores que nos rindan cuentas del avance. Sería bueno que te preguntes: ¿Cómo puedo medir mi objetivo? ¿En qué cosas voy a basar el avance o retroceso?

Regresando al ejemplo de la lectura, un indicador podría ser el número de páginas leídas, otro indicador podría ser la cantidad de tiempo invertido en la lectura y otro indicador podría ser la cantidad de libros leídos.

La recomendación es que sea algo medible en el corto plazo, por ejemplo algo que se puede medir cada día. Esto con la intención de llevar un registro y al final, por ejemplo de la semana, evaluar nuestro desempeño.

Recuerda que la pregunta principal a responder aquí es: ¿Cuántos?. Saber cuánto avance es necesario hacer día con día nos permite sentir que es más alcanzable asignarle un tiempo y espacio determinado para realizarlo. Así no te abrumas por la meta y es más sencillo que te enfoques en los pequeños pasos a dar.

A: Alcanzable

El siguiente factor es que sea realista. Esto quiere decir que vamos a tener que preguntarnos si realmente tenemos los recursos para hacerlo y si no es así, preguntarnos si es posible tenerlos. Y con recursos me refiero a cosas como el tiempo, las habilidades, las herramientas, las ganas, el lugar, etc. todo aquello necesario para llevarlo a cabo.

Por ejemplo, supongamos que mi objetivo es correr 1 hora diario, pero yo jamás he corrido. En ese caso el objetivo planteado no es muy realista porque no está tomando en cuenta mi rendimiento actual para correr, porque aún si lograsemos hacerlo por un día ¿esto sería sostenible en el tiempo? seguramente no. Así que un objetivo más realista, por ejemplo, sería correr 10 min diarios e ir incrementando con el tiempo.

Valdría la pena que te hagas preguntas como las siguientes:

  • ¿Tengo las habilidades que se necesitan para conseguirlo?
  • ¿Tengo las herramientas necesarias para llevarlo a cabo?
  • ¿La cantidad de tiempo que le voy a dedicar es compatible con las otras actividades de mi día?
  • ¿Dónde lo voy a hacer? ¿Es coherente con mis posibilidades?

Si identificas que no cuentas con algún recurso es solo cuestión de buscar soluciones. Si no posees cierta habilidad, entonces la desarrollas. Si no tienes ciertas herramientas, entonces las consigues. Si crees que no tienes tiempo, entonces aprendes a gestionarlo de una mejor manera. La idea es que el objetivo se sienta y sea alcanzable para nosotros y nuestras circunstancias particulares.

R: Relevante

Este criterio me parece de los más significativos. Que la meta sea relevante nos remite a la importancia y el valor que le adjudicamos a la consecución de la misma. Tiene que ser lo suficientemente valioso el conseguirlo, de lo contrario probablemente no habrá voluntad de nuestra parte para hacer que suceda.

En este punto es importante ser sinceros con nosotros mismos. Piensa si de verdad quieres ir por ese objetivo. Debes de tener en cuenta que detrás de todo logro siempre habrá tiempo, dinero y esfuerzo invertido. Así que reflexiona sobre las ventajas que te traería, sobre los cambios que representaría, sobre si encaja con tu visión a futuro, sobre si vale la pena poner tus recursos para su obtención.

Pongamos una situación hipotética. Me han diagnosticado una prediabetes y el médico me advierte que si no cambio mis hábitos alimenticios puede ser diagnosticada con diabetes, una enfermedad degenerativa que una vez que se adquiere no hay vuelta atrás. Para evitarlo me pongo en un régimen alimenticio no porque yo ame y me importe realmente comer saludablemente, sino porque hay una razón más poderosa detrás: no ser diagnosticado con diabetes.

Tener esto en mente es necesario porque si algún día existe (y existirá) la tentación de dejar todo de lado y volver a mis viejos hábitos alimenticios, puedo recordar la razón principal por la que estoy tomando la decisión de alimentarme saludablemente y eso probablemente me de la fuerza para mantenerme en el camino.

Hacer este tipo de reflexiones nos puede dar un panorama más completo de la situación. También es un buen ejercicio para determinar las prioridades de nuestros objetivos y metas. Recuerda que la pregunta a la que quieres responder aquí es ¿Por qué? ¿Por qué me estoy poniendo este objetivo? ¿ Por qué es importante? ¿Por qué lo quiero?

T: Temporal

Por último, es importante que el objetivo lo fijemos dentro de un plazo de tiempo determinado. Este criterio es súper necesario, sobretodo porque hace que la realización del objetivo no dependa de nuestra motivación para alcanzarlo sino de una fecha límite. Ponerle tiempo de expiración va a tener influencia en nuestro sentido de urgencia para realizarlo.

Para ejemplificar esto pensemos en dos situaciones. Por un lado supongamos que va a ser el cumpleaños de nuestra mamá y queremos ahorrar cierta cantidad de dinero para comprarle un regalo antes de que sea su día. Ahora supongamos que queremos ahorrar esa misma cantidad de dinero para comprarnos un regalo a nosotros algún día. ¿Cuál de las dos iniciativas crees que se cumpla más fácil? Evidentemente la que tiene una fecha límite.

El plazo de tiempo hace que establezcamos un objetivo con propósito. Pues, siguiendo con el ejemplo, si tuviéramos todo el tiempo del mundo quizá no ahorraríamos lo suficiente o ni siquiera ahorraríamos. De ahí la importancia de que exista un principio y un fin. Es necesario sentir un poco de presión saludable para que nos impulse a cumplir con la tarea.

Otra cosa para la que nos beneficia establecer un tiempo es evaluar si la velocidad en la que avanzamos hacia nuestro objetivo es la adecuada. Lo ideal es encontrar un equilibrio, ni tan rápido que se nos vaya la vida en alcanzarlo, ni tan lento que no permita ver resultados. Recuerda que la pregunta a la que hay que responder con este criterio es ¿Cuándo? ¿Cuándo lo voy a hacer? ¿En qué momento de mi día, en qué semana, en qué mes, en qué año?

Recapitulando, para cumplir nuestras metas siempre será importante tener claridad y esa claridad la conseguimos con un plan de acción.

Los objetivos SMART son una metodología que nos ayuda a bajar nuestros objetivos de las nubes a tierra firme, poniendo luz en el proceso que tendríamos que seguir para alcanzarlos. Responden a las preguntas de ¿Qué?, ¿Cuánto?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Dónde? para que seamos capaces de proponernos objetivos alcanzables, teniendo en cuenta nuestras circunstancias individuales, nuestros recursos y nuestras aspiraciones.

Es bueno recordar que al final la parte más importante de fijarnos objetivos es actuar para realizarlos. Si bien la metodología SMART es excelente para brindarnos una buen plan y facilitarnos el paso a paso, depende de nosotros si realizamos esos pequeños pasos o no. Así que no pospongas más la realización de ese objetivo y lánzate a la acción aún y si no fuera perfecto. Recuerda que la idea es ir evaluando en la práctica hasta que consigas una estrategia que funcione, encontrando el equilibrio entre tú y tus objetivos.

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